El gran negocio

El Profesor MiseriaPhoto 61 residía en New York y compraba sueños a precios variables,  desde un solitario dólar hasta un conjunto de 10 papeles verdes bien jugosos para quién lo ha perdido todo.

Hace poco empecé reflexionar sobre este negocio, cuando me dí cuenta de que yo misma llevaba ya un tiempo haciendo algo parecido. Se podría decir que mi negocio era todavía más ruín por que yo cometía delito: robaba miradas.  Si, si, así como lo oyen. El mecanismo era sencillo. Daba igual el lugar y la hora, podía ser en el autobus, en el metro, en el supermercado, en mi bici…Mi corazón sangraba (nunca me ha gustado que me vean llorar) antes de producirse el crimen (prueba esta de esas carencias de las que ya he hablado anteriormente), era entonces cuando la parte racional de mi cerebro elegía un individuo de entre la masa caminante de cuerpos robotizados, bastaban a penas 3 segundos, un contacto visual y eran mías. El truco era mantener la calma. Luego las guardaba en mi memoria o en un papel (esta ciudad sin relojes puede producir lapsus y pérdidas de memoria para las que las compañías de compresas aún no han encontrado remedio)

Ustedes (mi madre y algún lector pérdido) se prunguntarán que hacía después con esos tres segundos robados a la vida de un ser desconocido. Pero amigos míos el título de este texto lo dice todo, y es que en épocas de crisis solo sobreviven los más fuertes ¿o eran los más ruines?

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