La Tristesse

aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh. Inspira, expira. Los pulmones se contraen siguiendo un ritmo aleatorio, las costillas los oprimen y el poco aire que queda dentro se compacta  y pesa. Trata de tragarlo. No puedes, la tráquea ha cerrado la puerta y la faringe se niega a hecharte una mano. ¿Qué puedes hacer? Nada.

Te sientas, esperas, la miras a los ojos, va sentada el asiento de enfrente. Va vestida de blanco y tiene una expresión neutral, aunque si te fijas bien podrías decir que es bella. Es una de esas bellezas que no puedes explicar pero que engachan. Cuidado. ¿ Qué puedes hacer ?

Decides coger fuerzas como Beatrix Kiddo cuando trata de mover su dedo del pie. Cierras los ojos y te encoges para ejercer presión máxima sobre la zona torázica. Y de nuevo : aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh. Recuperas el aliento, todo vuelve a estar en su sitio, vuelves a mirarla. No está, se ha ido. Volverá, sólo estás sufriendo el síndrome desintoxicación.

Nota: Interesante proceso el de retratar las tristeza en momentos de felicidad. Hagánlo y mándame sus escritos a beatriz.dubois@gmail.com. Presentaré a las damas en sociedad cuando llegue el momento.

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