Tras la muerte de Bacall

Blue meTras la muerte de Bacall me di cuenta de que me había olvidado de ella, yo que tanto la quise (escribo en pasado por que la muerte mata sin quererlo un poco del presente). Y es que de alguna manera para mi todas las estrellas de Hollywood están ya muertas, guardadas en un olvido, ese que dice que cualquier tiempo pasado fue mejor. Y es que imaginarse a Bacall con Bogart cenando con Hepburn y Tracey no parece real, parece de un película, cenas así no existen entre nosotros, los comunes.Y después de asumir que Bacall ya no extrañará a Bogart por la noches, di  con una entrevista que Elvira Lindo escribió en 2005 , donde la periodista más que preguntar y escuchar, conversó con la dama de voz grave más de dos horas. Cuál fue mi sorpresa al descubrir en aquellas páginas  que Bacall era simplemente una mujer, una amante, una madre, una hija, una amiga, era simplemente una persona a la que yo decidí guardar en ese altar donde las cosas malas de la vida no llegan. La chica flaca a la que los vestidos de seda se le llenaban de aire se describía como insegura y dependiente del cariño de los demás, si si , ella la que le decía a Steve que no necesitaba más que un silbido. Y es que al final todos queremos un poquito más que un beso de buenas noches y un hasta mañana. Quizá la naturalidad con la verbalizaba sus debilidades la hacía caminar con la audacia de un felino, y es que no se puede ser bueno en todo.

Con esta idea de que Bacall no era más que una mujer, empecé a asumir mis grietas. Empecé a estudiar al milímetro las debilidades que en los últimos meses se habían puesto en fila india.

Tropezarse con la perfección hecha persona no es nada fácil, enfrentarse a ella 9 horas al día es un ejercicio para el que no me habían entrenado. Lo curioso de la gente que analiza cada paso que das, cada coma escrita y que anota todas las gracias no dichas, es que con el tiempo te das cuenta de que su obsesión por el control les lleva a una crítica sistemática muestra de una falta total de empatía. Lo cierto es que cada juicio dicho encubre la inseguridades de ese otro ser humano. Lo que pasa es que yo nunca he sido capaz de invertir la poca paciencia que tengo entonterías, me parece una absurda pérdida de tiempo. Y es que eso de apretar la lengua y callar me avinagra las entrañas.

Así que reconozco como la señora Bacall, desgraciadamente sin llevar puesto un vestido de seda, que a mi no me gusta que me digan constantemente lo que debo de hacer, no me gustan las críticas sobre todo cuando estoy en desacuerdo, no me gusta que mi autoestima duerma en el jardín sobre todo cuando no hay abrazos por la noches. No sé si decirlo en alto me hará caminar como un felino, aunque nunca me han gustado los gatos. Menos mal que las estrellas ya están muertas pero no olvidadas.

a  Bacall y a Bogart,

y por que amar,  a veces,  si significa decir lo siento.

2 comentarios sobre “Tras la muerte de Bacall

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