9 días

IMG_0081“Han conseguido ponernos 14 horas de trabajo y por tanto nos han quitado la capacidad de reflexionar, de vernos, de vestirnos, de hacer el amor despacio, de pintar la mesa, de limpiar detenidamente una botella, o de mirar a tu hijo a los ojos”

Juan Diego, entrevista El Pais 08/11/2015

Y así llegó Noviembre.

Casi hace un año que volví y ahora estoy aquí en Madrid por fin en tierra peninsular. Y sin embargo la búsqueda sigue, ella nunca se cansa es como una bestia dormida que se acurruca justo después del esófago, cuando se despierta te entran las náuseas porque ella quiere salir pero como a todos le da miedo lo desconcido. En este camino sólo 5 escritos, un mundo por perfilar, personas a las que sorprender y otras tantas a las que extrañar. Y es que nunca se deja de echar de menos cuándo guardas la maleta debajo de la cama.

Y así llegaron los que cambiarán el mundo.

En este aterrizaje de casi ya 8 meses aparecieron ellos y ellas esos que confian en sus manos la esperanza de que todo vaya a mejor cuando el resto delega en la inercia un futuro siempre impredecible.  Aquellos que saben que el cambio sólo existe en la acción y en la fé inquebrantable de que ellos son únicos. Aquellos que no descansan por que los soñadores nunca duermen, solo cambian de estado físico por la noche. Magia.

Y así llegaron los días de sol.

La luz que Madrid me regala cada día sin pedir nada a cambio, como el mejor de los amores. Los cielos grises de Londres se hacen cada día más lejanos y sin embargo me abrazan en sueños quizá para recordarme que allí, en La Isla sigue un pedazito de mí, en algún lugar entre London Fields y Clapton Pond (solo espero que no se quedase atrapado en Narrow Way). Con la luz llegaron también las sombras y es justo ahí dónde debemos pararnos a observar, a jugar a detener el tiempo.

Y así llegaron de nuevo los relojes infinitos.

Yo no quiero creer en los lunes ni en los domingos, quiero que los días se midan por los paréntesis en los que el mundo te engulle como si de una pitón se tratase y sabes que respirar es un milagro de sucesión casi infinita. Quiero que las noches sean la puerta a un mundo dónde no hace falta cruzar en rojo, dónde la gente contempla los minutos en una pared, dónde el frío se oye con los ojos cerrados, dónde los caminos se cruzan y no hay flechas y el miedo no es no encontrar en los bolsillos el aparato sabelotodo, el miedo es quedarse quieto. Dónde equivocarse es la victoria y la meta una tumba.

Y así llegó el mar.

Aunque esté a 596 km, aunque Castilla parezca interminable sé que al final de A6 está el mar y el resto poco importa ya.

A Marieta,

que en sus silencios me recuerda que a nuestras heroínas les afila la belleza la melancolía, que son hermosas por que sus ojos te dicen que han vivido (Razón número 7)

No hace falta entender, solo saber estar.

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