Demons

Captura de pantalla 2017-05-15 a las 19.28.58Hace tanto tiempo que no escribo que los músculos de mi manos han olvidado ya como convertir en palabras el revoltijo de emociones que desde hace ya unos meses merodea por mi habitación. Sólo sé que es un ente vivo, está pegado a mi piel y los viernes y sábados se viste de negro, se convierte en monstruo.

Hoy solo me cura el silencio, la soledad de saber que si no hay nadie cerca estaré fuera de peligro. Me asustan incluso los whatsup, los mails o cualquier forma de comunicación digital, porque las preguntas necesitan de respuestas y hoy solo podría tener sentido abrazarse en silencio.

Demons. Ellos me vienen a buscar cuando saben que no sabré decir que no, cuando las horas del día se tiñen de negro y el aire se vuelve un poco más frío. Monstruos que se ponen en pie con paso firme y disparan bocanadas hostiles de verborrea insípida. Palabras que salen de mi boca y dejan llagas a su paso, que me hieren más a mi que al oyente casual (menos mal). A la mañana siguiente el mismo dolor, justo en el centro del pecho como si los huesos del esternón se hubiesen encogido, dónde quizá yacen las cenizas de la noche anterior.

Nada más que añadir, no hay lamentos, solo un ejercicio de convertir el silencio de mi habitación en algo menos gris, más tangible, para que los monstruos sepan que lo oigo, que los huelo.

Demons.

 

 

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