Respirar y verte

Solo escribo cuando me duele el pecho, es algo que me da mucha rabia pero lo hago. Como si respirar mal me obligase a buscar otras maneras de oxigenar mi sangre.

El otro día escuché una frase en la calle que se quedará ya por siempre en la memoria de las cosas bellas. Un hombre moreno decía al teléfono con una media sonrisa dibujada en su rostro:

–  Ahora mismo sólo necesito dos cosas, respirar y verte.

Aquellas dos palabras llevan viajando por mi cuerpo como dos hormigas que caminan tratando de encontrarse, lo hacen despacio, haciendo cosquillas, y a veces las siento dentro de mis ojos y sonrío pensando en el eco de quien las escuchó en primera persona.

Respirar y verte.

Fields State 19

Ahora tumbada al sol con la ría ante mis ojos y la piscina a mis espaldas, pienso en Alain Delon y Romy Schneider. Dejo que la piel se me caliente para sudar así todo lo que tu te has llevado y sin embargo se ha quedado dentro enquistado en algún lugar entre mi vientre y la nuca. No hay nadie en casa, por fin sola. Leo con desgana porque el sol me ciega y cambiar de posición implicaría mover el dolor que vaga por mi cuerpo, ahora lo controlo porque está dormitando en el pecho, dónde le gusta hibernar los meses donde no hay otros más que yo. Acaricio mi muslo y cierro los ojos para sentirte una vez más, para volver a sentirme completamente vulnerable y es justo ahí cuando siento el calor en las mejillas y rompo a llorar para sacarte fuera, para dejarte tumbado en el cuadrilátero porque eres tú el que ha perdido el combate. Lloro y de repente grito y ese aullido rebota en mis oídos como si estuviese en una habitación cerrada. Acabo de darme cuenta de que llevaba mucho tiempo sin escucharme por dentro, quizá la habitación sin puerta era yo misma. Y es que cuando vives en un mundo dónde las pantallas de nuestros teléfonos filtran los días malos, te acostumbras a llorar en silencio, a beberte las lágrimas por los ojos como Emma Thomson en aquel dormitorio tan vacío.

Pasan a penas unos segundos y todo se acaba, porque en esta vida finita todo se acaba, hasta el dolor. Vuelvo a mirar a la ría, estoy empapada en sudor y lágrimas, cuidadosamente vuelvo a hacerme la coleta, a recuperar la compostura, vuelvo al silencio y miro alrededor para comprobar que solo el bosque me ha escuchado llorar. Me pongo en pie y me dejo caer la piscina. Sólo el agua puede ahora limpiar lo que tú has manchado con tu cobardía.

Será cuestión de meses, quizá sólo semanas para que olvide esta escena, para que sienta ganas de volver a escribir, para que alguien vuelva a decir:

–  Ahora mismo sólo necesito dos cosas, respirar y verte.

 

foto por Alberto Balazs.

 

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