L O Y S S O V

“Escribir es caminar, imaginar, recordar, escuchar, mirar. La naturalidad es tan perfecta que hace falta mucha atención para apreciar el artificio que la hace posible.”

– Antonio Muñoz Molina

Escribir es para mi jugar al malabarista. Tirar palabras al aire para dejarlas caer, pero hay que tener cuidado, hay que agarrarlas bien y saber elegir el orden correcto. Aquí no funcionan las matemáticas  y el orden de las palabras si que altera el producto.

Ejercicio número 1.  Escriba usted un cuento a partir de un título.

Imagínense a una niña bonita, una de esas a las que le brillan los ojos y el pelo incluso en los días nublados. Esa niña se llama V. A ella le gusta cazar las Olas del mar, se las lleva a casa por que el ruido del oleaje  siempre le ha ayudado a dormir, le ayuda también a no sentirse Sola. A ella también le  gusta pasear, pero le desagrada profundamente saber su destino y trazar cualquier tipo de plan, por eso siempre lleva un Yo-Yo, este pequeño instrumento le ayuda a abstraerse del tiempo, incluso a llega a desparecer y a olvidarse de si sus pasos son hacia delante o hacia atrás. Ella ha aprendendido que estas costumbres tan sencillas le ayudan a ser feliz y a no sentirse  Sola. Y es que a a veces por la noches todo se vuelve Oscuro y no precisamente por la falta de Luz. Ella sabe muy bien que aunque las noches son largas siempre llega la mañana, siempre llega el Sol (aunque en su ciudad haya que hacer grandes esfuerzos para verlo) y es que despues del invierno siempre aparece la primavera. A veces es mejor no hacerse más preguntas.

Vos y Sol.

Volver (sin Almodòvar pero con croquetas)


¨Johny es un hombre entre los ángeles, una realidad entre las irrealidades que somos todos nosotros” .

J.C (El perseguidor)

Ese Johny del que habla Cortázar es realidad Charlie y ese Charlie es para mi Raque. Volver a casa es entrar de nuevo en esa realidad que tanto odié por esa pegajosa familiaridad de las esquinas con caras conocidas, del lugar donde  a veces se hace imposible escapar a las miradas usmeantes que observan con recelo al intruso en la burbuja. Pero rectificar es de sabios, los años pasan,  y volver a esas calles donde se puede caminar con los ojos cerrados se ha vuelto refugio y no cárcel.

Tal vez sean las croquetas, el mojar el pan en aceite, tal vez sea esa lluvia incensante y esas aceras convertidas en espejos, tal vez sea el olor a salitre mezclado con el sabor de una caña, tal vez sean los “buenos días manolo”, el que mayor estás y que cambiada se te ve (nunca he sabido si eso es algo bueno o malo), tal vez sen “El País semanal” de los domingos y una barra de pan caliente, tal vez sean Modas Pilar, el pequeño comercio, las pescaderas que te dan remedios para la gripe que funcionan mejor que las prescripciones médicas y ese gran colectivo de señoras (para las que seguro que el facebook tiene un grupo) que bajo cualquier pretexto se cuelan en cualquier evento social que requiera de orden de espera. Tal vez sea que a las 12 de la noche venga Raque a buscarte y llame al timbre de tu casa, nada de móviles, buses noctunos, morirse de frio en una bici y planear todo con bastante antelación para que las cosas salgan bien y no acabes cogiendo más buses nocturnos sin haber llegado a ninguna parte.

Jonhy, Charlie, Raque y las croquetas. Poco importa ya si la realidad es sueño y volver es un salto al pasado y el regreso a veces se hace futuro en la mesa de un bar. It´s just nice to be at home.

PS: No tenía una buena foto de las croquetas,  se admiten sugerencias.

 

Una hora y 15 minutos con Bernardo Bertolucci

Hace dos semanas que compré mi entrada para “The Dreamers and Bernardo Bertolucci in Conversation”. En Londres para este tipo de eventos y especialmente durante el London Film Festival es casi imposible conseguir entradas, así que llegué al BFI (hogar para cinéfilos y personas vestidas de negro) contenta y dispuesta a pasar una hermosa velada. La cosa no empezó bien ya que cuando fui a recoger mi entrada la señorita de la ventanilla me dijo que la película había empezado hacía una hora y que no podía entrar. Depués  de 84 minutos de espera entre un sandwich y un pedazo de “lemon cheesecake” con vistas al Támesis, entré a aquella habitación de alfombras rojas y cortinas de terciopelo.

Después de una breve intruducción apareció Bertolucci, entró en silla de ruedas y con un rostro cansado. Pensé por unos segundos que aquello iba a ser una fracaso, una vieja gloria con demasiadas horas a sus espaldas incapaz de impresinar a audiencia expectante de magia. Me equivoqué, y como me gusta equivocarme. El maestro habló con un inglés correcto, despacio pero con gracia, inteligencia y mucho humor. Se podía ver por el brillo de sus ojos y la serenidad de su voz que es un hombre feliz  y enamorado hasta las entrañas. Enamorado del cine, de ese magia que es sentarse por dos horas delante de una pantalla y desparecer, de ser capaz de ver los grises entre los blancos y negros , de convertir diálogos en minutos incapaces de olvidar para el que cree con tanta devoción como la que yo tengo que aquello es real, es posible, es de verdad.

Una vez una amigo mio me dijo que estaba muy preocupado por mi,  dudaba de mi capacidad para saber distinguir que las películas y la vida real. Le dije que yo era consciente de el muro,  pero que a mí me gusta saltarlo. Algunos dicen que es una insensatez, una niñería, yo simplemente creo que es una manera como otra cualquiera de vivir y ser feliz.

Fueron muchas las anécdotas que el relató (como buen director es un gran contador de historias). Entre ellas está una sobre la escena de “El útlimo tango en París” en que Marlon cuenta algo personal de su pasado, aquel relato no estaba en el guión. Bertolucci nunca supo si aquella historia sobre su niñez era ficción o era real. Fue años después leyendo la biografía de Brando cuando se dió cuenta de que Marlon había relatado un recuerdo real de su infacia.

Lo que más disfruté de esa hora y 15 minutos es ver alguién que ya ha cumplido con muchos de los sueños que yo tengo  sigue teniendo la misma pasión por el cine que la de un chiquillo de 13 años que entra por primera vez en esa sala oscura llena de estraños. En “Almost Famous” hay un gran escena (una de muchas) en las que Saphire describe de manera muy honesta lo que significa ser fan: They don’t even know what it is to be a fan. Y’know? To truly love some silly little piece of music, or some band, so much that it hurts.” Yo siento lo mismo cada vez que presiono el play y cada vez que la ocuridad se hace luz y veo la calle desde la ventana de mi habitación.

Bertolucci contó también como Jean Renoir lo llamó para expreserle su admiración por la película  “The conformist”  y que sería un placer para él conocerlo en persona. Bernardo y su mujer (grandes admiradores del director fracés) volaron inmediatamente a la residencia de Renoir en Los Angeles, donde  les recibió un hombre de 80 años y en silla de ruedas (curiosa coincencia a la que Bertolucci hizo mención diciendo que no había acudido en silla de ruedas por que se considerase un genio como Renoir). En aquella conversación Renoir mencionó que él nunca cerraba las puertas del estudio de grabación, ya que nunca sabía lo que la realidad podía ofrecerte , siempre hay que dejar una puerta abierta. Desde entonces Bertolucci nunca ha cerrado la puertas de sus estudios. Yo  solo tengo dos palabras para describir esto, ¡Qué bonito! Perdóneme el infantilismo de la expresión pero en temas de amor no me gusta ponerme pedante.

Disfruten y vean.

Pembury State

Eran las 9:13, me fui en el descanso por que realmente el fútbol no me gusta. Cogí el pequeño callejón que va paralelo a la parte de trasera de Hackney Library. No hacía frío aunque la luz naranja de la farolas bajaba la temperatura de cualquiér ser vivo que por allí anduviese.

Lo ví a lo lejos y pensé que era inofensivo, que cogeaba, que estaría borracho y que al fin y al cabo prabablemente ni notaría mi presencia. Me equivoqué, giró la cabeza, me vió y dejó arrastrar su carrasposa voz en el silencio:

My daugther, my daugther, please help me, help me!

Mientras la distancia entre nosotros se hacía más corta mi mente y yo tuvimos un debate que ganó la piedad. Tenía unos 60 años, olía a pis y el lado izquierdo de su cara estaba curbierto por heridas. Me preguntó si le podía guiar a la parada de autobus, decía que no podía ver, que no podía distinguir si lo que se encontraba ante sus pies era agua o tierra. No eran sus ojos los que no veían, era su cerebro. Eso es lo que me dijo, my brain is no working anymore. El camino duró unos 7 minutos, caminamos despacio ya que su movimientos eran torpes y lentos, me agradeció hasta la saciedad mi ayuda, dijo que tenía que llegar a Pembury State, era el cumpleaños de su nieto y llegaba tarde.  Llegamos a la parada, esperé a que cogiera el bus y me fui. Tenía que hacer la compra.

Pensé en él durante días, pregúntandome si consiguió llegar a casa, si había una casa, si Pembury State era un lugar real o el estado de aquella mente sin norte.

Hace dos días volviendo del trabajo giré a la derecha en Amhurst Road, esa cuesta, ese spring final antes de llegar a casa. Entonces miré a mi derecha y leí  en un letrero bien grande Pembury State. Detrás un inmeso complejo de casa de protección oficial, de esas sin número, de esas que parecen cajas de zapatos.

A veces solo hay que mirar a otro lado.

Alan, “the wi(n)dow cleaner”

Alan, “the window cleaner”. Este es título de mi historia, un relato pequeño, un simple entretenimiento para mis manos, un pacto entre mi mente y una conversación imaginaria con Alan.

Alan tiene unos 55 años y siempre lleva vaqueros de supermercado, chuvasquero azul marino y un gorro negro de lana con letras moradas (nunca he conseguido leer lo que está escrito en el gorro, posiblemente sea la marca del supermercado). Alan limpia ventanas, para los que no tengan mucha imaginación este puede parecer un trabajo tedioso y carente de interés. Para aquellos que tengan obsesiones con el cine de Mr. Kar Wai y aún sigan creyendo en eso del amor eterno, verán en Alan y en sus trapos un ejército de viudas lloronas y un mago que limpia el polvo que se deposita sigilosamente en la cornea de nuestros escaparates para que gente como yo podamos seguir observando.

Alan y yo mantemos coversaciones cerradas sobre el tiempo y sobre las ventanas. Alan escribe recibos a mano con una caligrafía perfecta, a pesar de que sus manos son toscas y faltas de caricias. Llevo un año observando  Alan, he imaginado su vida un millón de veces, y siempre llego al mismo final. Alan es viudo, su mujer murió hace ya 10 años. Estuvo triste durante dos años y 7 meses, luego la tristeza se diluyó entre los cubos de agua y siguió haciendo lo que siempre había hecho, limpiar ventanas. A Alan le encanta mirar a las mujeres bonitas que se pasean por la calle, a mi me gusta observar  a Alan y imaginar que un día se irá con una de esas mujeres, y que ante a la acumulación de polvo en nuestras ventanas, las romperemos y todos saldremos corriendo.

i wish I can  tell you this story english, but still not sure it will be the same.

Thank you A.

Meeting Eric

Eric lleva sombrero en casa y su lista de reproducción es diversa y extraña: 3 horas de puro jazz, 1 canción de Beyoncée, luego algo de eléctrónica, por la tarde algo de blues americano de los años 40 y vuelta al jazz. Al fin y al cabo él toca el clarinete. Silba  sin parar y pisa fuerte, a veces creo que va a romper  las escaleras y la casa se nos va a caer encima. Le gusta el queso porque ha vivido 15 años en Francia y no habla mucho por que su padre es sueco.  El pasado fin de año fue a la ópera de Paris por qué le gusta mirar al techo que está pintado por Chagal.

Hace 11 días que conozco a Eric, aún no sé si me gusta, no sé si le gusto, pero me encanta conocer a gente nueva para disfrutar de este estado donde todavía puedo inventarme sus vidas,  jugar al escritor que cubre arrugas con recuerdos de la infacia y buscar rupturas traumáticas en la sonrisa nerviosa de unos labios.

Hoy le compré un huevo kinder y no sonrió, de repente pensé que aquello le recordó a su ex novia y se puso triste. Yo también  me puse triste  por que Raque siempre me compra huevos kinder cuando estoy con ella. Yo creo que a Raque le gustaría Eric, a mí aún no lo sé.

PS: Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, ya que la imaginación es mucho más divertida que la realidad.

Falling out of love

Empezaron a quererese sin quererlo, las horas muertas y aquel espacio de puertas cerradas hicieron el trabajo por ellos con conversaciones sin punto y aparte.

El tiempo pasó y entonces empezaron los silencios. Inventaron entonces una nueva forma de comunicación donde la selección de música del Ipod le diría a ella en que humor se encontraba él, y ella contestaría con miradas en los espejos, nunca cara a cara (demasiado arriesgado). Empezaron entonces a desenamorarse, a caerse fuera del patio de recreo. Las horas muertas mataron las palabras y los espejos se desquebrajaron en añicos.

Él no dió cuenta que el silencio la mataba por que la hacía vulnerable  a todo lo que no podía decir, ella se indigestó con sus propios pensamientos.

Ella no se dió cuenta de que él no podía hablar, simplemente no podía.

Y  sí siguieron sus vidas, en silencio. Ella imaginaba historias de amor mientras se le apagaba el corazón. Él echaba de menos su voz sin pausas, a veces solo extrañaba la sensación de cansancio después de 8 horas de diálogo sin guión. Pero él no podía hablar, y nunca pudo.

Canción para esta historia  gris y empapada de lluvia: “5”, These New Puritans.

PS: Esto no es para ponerse triste, es solo para pegar hostias al aire.

What do you do?

What do you do? es esa pregunta que va después de Where are you from? y antes de Do you like it here? Siempre surge en esa primera conversación con un extraño, es una de esas frases que odias incluso más cuando eres tú el que la formulas por que entonces te das cuenta que has pasado a ser una de esas personas que has maldecido toda tu vida por haberte hecho la dichosa preguntita de marras.

Por eso a partir de hora creo que contestaré cosas sin mucho sentido pero verídicas, nada de invención que luego la gente de tacha de loco. Un posible ejemplo puede ser,

SRANGER: So, what do you do?

ME: I ride my bike.

Probablemente the STRANGER,   siga insistiendo hasta que saque algo de provecho, las respuestas más deseadas son un puesto de trabajo que supere como mínimo los 20.000 al año o un Máster (cuanto más específico sea el campo de estudio más satisficho se sentirá). En fin señores si ahora viniese alguién a preguntarme What do you do? le contestaría sin dudar : Right now, I blog. Es decir escribo un blog y he decir que me gusta tanto como ir en bici. Afortundamente no soy la única que escribe en internet, así que permítanme invitarles a echar un vistazo a los blogs a los que sigo (los que se sitúan en el lateral izquierdo de esta página debajo de el título Blogroll). La mayoría son amigos o amigos de amigos, pero siempre me ha gustado aprender de los que están cerca. La espuma de todos los días es mi última incorporación, amiga de una amiga que una vez me acogió en su casa. Espero que a la autora no le importe que la cite en este humilde rincón de historias e incoherencias.

Buenos días desde la isla y disfruten de las horas que nos quedan por delante cualquiera que sea el color del cielo de su ciudad.

Gloves

Siempre que pierdo un guante, solo uno por que los guantes como los calcetines no se pierden en pares, me acuerdo de ti y también de ti. Me acuerdo de todos los hombres que han pasado por mi vida y se han ido. Todos se van menos mi hermano.

Por eso en mi habitación hay una caja llena de guantes sin pareja. No están ahí necesariemante esperando a ser rescatados, ni son una prueba de las victorias conseguidas. Los guardo para cuando tenga que extrañaros.

A veces pienso en que debería coger esa caja y tirarla al río (como Lucille Vinson con la cabeza de su marido). Puede que Gorka tenga razón y yo sea un ejemplo arquetípico  de esas masoquistas que fracasan relaciones solo para sentir el sabor agriduce de la melancolía de lo perdido. Si este es el caso, puede que conserve esa caja, para poder echaros de menos a gusto, aunque sepa a ciencia cierta que nunca encontraré las parejas de mis guantes (sigo confiando en que la lavadora me devuelva la de los calcetines).

Mi último guante se perderá en el otro lado del Atlántico, aún así no me importa por que desde la ventana de este avión brilla el sol por encima de las nubues  y hoy voy a ver a mi hermano.

Guiris.

Photo 41Dos años fuera de la “tierra” y mi piel se quema tras los primeros rayos de sol. Podría ser perfectamente una de esas guiris que se bañan en Benidorm y lo graban todo en video para darle envidia al resto de sus amiguitos gambita que se han quedado en La Isla. Ahora que lo pienso… tengo una cámara de video!  Igual hasta yo podría hacer  lo mismo, solo hay un incoveniente, que soy de Vigo,así que guiri no puedo ser.  Por otro lado, hace tiempo que resido Las Islas Británicas (siempre me ha encantado el vocablo residir mas que vivir, parece que el primero implica una casa grande llena de comodidades) con lo que puedo ser “half-guiri” y no olviden que sigo teniendo mi cámara de vídeo, pero esperen un momento… me he olvidado de mi condición de moderna. Esto un “sanbenito” (otro gran expresión de desonconidos orígenes al menos para mí) que  lleva  a mi persona a campos mucho más artísticos, como grabar chimeneas sin humo, señoras paseando con carritos de la compra, reflejos en las ventanas del metro (cuando está en marcha y no se ve nada, así es todo mucho más abstracto)…en fin toda una serie de cosas que ustedes los “no intelectuales” les costará apreciar. Aún así no se preocupen y si se encuentran con fuerzas y ganas para ser moderno, todo es ponerse. Lo primero que hay que hacer es inscribírse, en cualquier gran metropole que se precie hay oficinas. La de Londres está al final de Brodway Market colindando con London Fields, desde fuera parece un pub pero no es más que una tapadera.

En fin, espero que toda esta serie de insensateces les haya parecido al menos graciosa (a mi no, yo soy una persona seria). Solo quería darle un poco de “color” a este blog tan negro.

 

My friend Eskio, esta se la escribo a su salud. 

 

PD: La foto no guarda ningún tipo de relación con el texto, es solo un alarde de modernidad: gafas sin cristal y gorro Charlot dentro de casa ¿se puede pedir más?