My dear London

dalston1Some people have asked me why I decided to move back to Spain. Why , why , why ? I am afraid to disappoint you but there is not a magic answer, I haven´t fallen in love or I haven´t found the perfect job (does it even exist one?). I have built a life in London for 7 years and now I am coming back to a place where my last memory was the one of a naif 21 year old girl who thought London was the place to live and to die. I just simply wanted to come back; there is no need to have “A Reason”.  It has taken me three years to understand this. Many people have also said that I can always come back, that London is not going anywhere. But I have, I have probably left the city years ago even though I was physcally living there.

Lots of people say that Spain is a broken country, pretty much everyone except my father who is the eternal optimist. Well I guess that if it is broken someone will have to fix it, am I right? Of course I am not the solution but I feel I owe something to this country. From my experience and by listening to people on the streets I think spaniards we tend to look down on ourselves while comparing us with other countries (specially Europe and North America). Sometimes I have the feeling that for some people we are just the fool of Europe.  Guess what? We are not. I have met so many Spanish people who are incredibly talented, hard working and above all that they are fighters. On the other hand I have kept so many friends here who are fighting to keep working, to keep living with dignity. So to me we are just simply good fighters, inside or outside.

London was and it is to me an ecletic spider web of people, the memories of them are what I have brought back.  I think of London as a grey womb where many uneven souls come to get lost and be reborn again.

I have always said that I became Galician in London. The endless freedom that London gives you to be who you truly are can be sometimes overwhelming. And there is always a point where you need to look inside to find your roots, to look for an anchor and don´t dragged into the craziness of the city.

Some people can see my departure as failure, I personally see it as a victory. London is a kind of net that traps you and at some point you start to believe there is no life outside Zone 3. Don´t get me wrong, London is the greatest city in the world to me (New York is also cool though). I deeply love it she´s been my most loyal and faithful lover for almost 7 years. But it I guess it was time to move on.

We live in a world with the latest technology where people live obsessed with the origin of things, some examples: crafted beer, hand carved wooden spoons, homemade bread, organically sourced meat…Well I could say that I have come back to craft that part of me that London has given me and melt it with the part I left here.

Some of you have read other pieces that I wrote in the past, this is the second time that I try to write in english. I would like to apologise for all my mistakes but I felt I owe the english language this effort. Speaking another language expands your freedom somehow; it gives another edge to your personality allowing you to think outside the box because you have to. To speak you need to think, to dream, to scream, to cry, to fuck, to laugh, to mourn, to love in those words that one day were completely   meaningless.  Now with time, with 7 years behind your back these words became so yours that no one can take them away and somehow you´ll never be the same. The same way that any Galician people can´t live without the word morriña next to their bed. Words are alive because people live through them.

So my dear London friends thank you for building the city and thank you for your sweet love on those last days, thank you, thank you, thank you. My dear London city thank you being just you and letting me to be just me. And last but not least I would like to thank myself to make it to London and make it back home. Well the word home seems a bit vague and blurry these days, let´s just turn the page and see what happens on the next chapter.

A todos los que se quedaron, a los que se van a ir y a los que volverán, gracias.

 Photo: Lucas Levitan

Regálame un minuto.

photo-9Perder, ¿en qué momento se da cuenta uno de que ha perdido? ¿y que significa exactamente perder algo? Llevo semanas dándole vueltas a este verbo por que a veces parece que los días de la semana son un juego de ajedrez en el que yo soy la Dama y estoy un poquito más cerca del jaque mate. Sin embargo cuanto más pienso en esa especie de vacío que supone la pérdida me doy cuenta de lo absurdo que es este verbo.

En primer lugar,  por que para perder hay que poseer y siempre me mostrado un tanto escéptica con este concepto, que suele crear sufrimientos innecesarios. Y hablo de poseer no solo objetos materiales si no personas, sentimientos. Creo que lo que más cercano que esta uno de poseer algo es esa sensación que se aparece de la nada en una carretera inesperada, en una mañana improvisada o en una noche sin reloj. Una especie de escalofrío que te dice que tu cuerpo ha firmado un acuerdo con tu mente no solo para ver , oler y escuchar , para ir un poco más allá.  Es como si se abriesen los poros de la piel para absorber el tiempo, y por unos segundos todo está exactamente donde debería de estar.  Dura tan poco que más te vale disfrutarlo.  Así que vivir es perder, ya que cada segundo es irrepetible. Ya sé que no estoy descubriendo nada nuevo para muchos de ustedes, pero quiazá escribir sea mi manera de llegar a acariciar  esos segundos.

Mi querido Wong Kar Wai regala minutos en sus películas. Curiosamente  volviendo a ver este clip me he dado cuenta de que era el 16 de Abril de 1960, ya se que  hoy es 17 , pero como soy muy fan de las casualidades no creo que sea simplemente pura coincidencia que justo hoy, haya decido escribir esto que yacía hecho garabatos hace tiempo en mi moleskine.

En fin señores lectores, disfrutes de este Jueves no por que sea santo si no por no volverá.

Y si les apetece bailar escuchen Follow de Chrystal Fighters. Y si , puedo decir que soy feliz.

 

 

Winter

En invierno la mayoría de la gente camina mirando hacia el suelo, supongo que lo hacen para evitar que el viento se cuele entre sus bufandas y sus abrigos. Nada hiela más que el viento gélido sobre nuestras nucas, y si no que le pregunten al niño del Sexto Sentido. El invierno nos tersa la piel y nos hace más conscientes de la vulnerabilidad de nuestro cuerpo, nos congela las esperanzas y hace escarcha nuestras lágrimas. Miramos al suelo y olvidamos,  invernamos como los osos y la rutina se vuelve de una mecanicidad tediosa.  Así, cabeza agachada giramos las esquinas sin mirar, nos damos por vencidos, un derrotismo al que es fácil agarrarse.

Yo me imagino al invierno como un señor de piernas largas, americana gris y sombrero negro. Es un señor de una gran elegancia, pero hay un vacío en sus ojos que me asusta. A veces este señor decide arroparnos con un manto blanco, parece un acto bondadoso pero no se dejen engañar. Cuando empieza a nevar la gente se asoma por la ventana hipnotizada, es un fenómeno que tiene algo de milagroso, blancos copos descendiendo en una melodía silenciosa del cielo, como si fuese Dios sonriendo en millones de pedazos. Los rayos de ese tímido sol de invierno se filtran a través de ese cielo de un gris uniforme, rebotan sobre la nieve y todo se ilumina con una luz destelleante, una ilusión de un verano que todavía está lejos. Todo brilla y hasta se puede llegar a sentir una especie de purificación.  Pero lo cierto es que al cabo de unos días la nieve se derrite, llega el barro y llegan las bolsas de patatillas congeladas, los cigarros a medias, el carozo podre de una mazana y hasta calcentines en busca de su media naranja.

En ciudades como Londres la nieve desenmascara además una rabia contenida. Los niños de uniforme gris por la semana y sudaderas de capucha negra en el fin de semana, juegan por primera vez en las calles. Por el brillo de sus ojos me pregunto si es solo un juego o responden a la bofetadas de sus casas. Su sonrisa en este inocente juego no es la misma que la de los niños en las películas de Capa. Cada disparo trata de tirar abajo esta sociedad que les ha arrebatado su futuro, posiblemente ni siquiera les han dado la oportunidad de saber que podían tener uno.

Llevaba días pensando en el invierno cuando descubrí It´s all about love, película de un director danés llamado Thomas Vinterberg, que también dirigió la gran Dear Wendy. Sinceramente la película es mediocre tirando a mala, pero habla del frío, habla de un gran ciudad como es New York y habla de falta de amor en las grandes metrópolis. Siempre en planos secundarios y de una manera insoportablemente natural la pantalla se llena de cadáveres abandonados en aeropuertos, papeleras, aceras, etc. Es 2021 y la gente muere de tristeza en NYC, es un fenómeno corriente y los habitantes de New York se han vuelto inmunes a la tragedia de la muerte de un ser humano solo y con un corazón roto. Me pareció de una crueldad extrema y de una lógica indiscutible.

Solo pido una cosa, invierno váyase usted ya. Estamos indignados por sus engaños, no queremos sus bofetadas blancas y devuélvanos el sol, devuélvanos la fé en que a la vuelta de la esquina puede haber un mundo nuevo.

80 Days

80 días sin escribir. ¿Tanto le ha dado de comer al monstruo? Parece que sufre de un empache de angustias, prisas y excusas.

80 dìas y 41 horas han pasado. Pero aquì estoy sentada, dejando que este verano improvisado entre por la ventana, escuchando a Leonard y imaginando la habitación del Chelsea Hotel.

LONDRES.

Londres es la ciudad de los cielos grises.

Londres es una ciudad donde uno viene a cumplir sus sueños y acaba rompiendo muros de ladrillos rojos.

Londres endurece la piel pero las almas siguen estando mojadas.

Londres se esconde en los retrasos de un tren de cercanías. Resplande en un minuto de sol entre bloques de edificios donde se acumulan almas de vidas inacabadas.

Londres te barre a patadas los miedos y te multiplica las frustraciones.

Londres no tiene grandes avenidas sino callejuelas sin salida.

362 lenguas y un millón de malentendidos.

Es el final de un carnaval costante, un baile de màscaras de colores desteñidos donde todos sonríen y pocos se atreven a bailar.

La luz de esta ciudad no se haya tras las nubes, se esconde en las miradas de los desconocidos, en las casas de los exiliados, en las bodas de amigos que se quieren.

Londres es un suspiro que dura años y al que cuesta expulsar sin mirar atrás.

Pd: Con todo mi amor a London Town.

Let´s take it easy

Hace días,  puede que incluso semanas que no me apetece escribir. Creo que es uno más de mis actos de cobardía que justifico con falta de inspiración y tiempo (mentira). Lo cierto es que el otro día no pude ir en bici y me vi forzada a coger mi “querido” bus 38. No tenía ningún libro y el iphone poco más me podía ofrecer, así que rebusqué en mi bolso en busca de algo que me entretuviese en mi tedioso viaje. Y allí estaba, mi Moleskine,  negra y de tapas blandas.  (Básicamente es una libreta como otra cualquiera pero parece que las cosas cobran importancia cuando van vestidas de negro).

Lo bueno de escribir para uno mismo es que no hay reglas y lo bueno de hacerlo en estado no-cafeínico es que se puede llegar a estados de escritura automática (vamos, escribir  lo primero que se te pasa por la cabeza) Así que hoy releyendo  mis anotaciones de esos 43 minutos  hacia el centro de Londres, descubrí que lo que a mi me apetece es dejar de ser yo (al menos por un tiempo) y con esto no quiero decir que tenga tendencias suicidas. Pero,  ¿no han pensado alguna vez lo agradable que sería poder hacer un apagón como el análogico? Descansar de sus miedos, fobias, ansiedades, angustias y un largo ecétera. Y es que a a mi a veces me aburre terrriblemente ser yo.

Hace poco leí una entrevista a Marianne Faithfull en la que decía que en esta vida el truco está en ser menos intensos, y como siempre dice Maria tenemos  que empezar a tomarnos menos en serio a nosotras mismas. Asi que aquí estoy, escribiendo sobre mi misma para ver si logro desintoxicarme de este egocentrismo generacional causado probablemente por el aburriemiento del “si es que lo tengo todo, entonces ¿de que me quejo?

Bueno señores pues nada, aquí les dejo, creo que voy a dejar la comida rápida para ver si empiezo a digerir la vida más despacio.

Listen carefully

Eran las 13:37 y y allí estábamos la Mari y yo esperando el 341 en Essex Road. Como siempre hablando sin pausas y probablemente pisándonos la una a la otra. Hemos desarrollado esta habilidad en la que podemos hablar las dos la vez y mantener un conversación decente (creo que a partir de ahora incluiré esto en el curriculum en el apartado de  Personal Skills).  En fin,  allí estabamos una vez más hablando de Londres, de los ingleses, del Yorkshire pudding, de los pros y los contras de la vida que llevamos, de nuestro viaja a América, un poquito de amor aquí y allá… Cada pedazo de esta conversación tenía una canción ligada, así que continuamos hablando de música (aqui la Mari lidera y yo callo para escucharla). Repasamos melodías, cantamos a los poquitos y nos paramos en las letras,  en esas palabras que un día alguién totalmente ajeno a ti escribió y tiempo después tu escuchabas en ese templo llamado “mihabitación”  y  pensabas: Joder este tio me tuvo que conocer en algún momento de su vida y  tuvo que escribir eso pensando en MI. Es como cuando Patri dice que Nacho Vegas se inspiró en ella cuando compuso Miss  Carrusel. He de decir que yo la creo a pies juntillas, no creo en Dios pero si en las ideas de mis amigos, si lo dicen de corazón  seguro que hay verdad en ello.

Así que  allí seguíamos la Mari y ello esperando al dichoso 341 (los buses nocturnos de esta ciudad pueden tardar eternidades), hablando de canciones y de como con los años empezamos a entender estrofas que antes parecían esconderse, como si de repente nos hubiesen puesto gafas a nuestros oídos para que podamos escuchar las cosas con más claridad. Y así llegamos a la siguiente conclusión: hacerse mayor es ir entendiendo cada vez un poquito más las letras de las canciones que llevamos oyendo desde pequeños.

Así que amigos míos abran vien sus oídos y rebusquen entre esos versos perdidos, en las caras B y en las versiones de sus canciones favoritas, quizá si son sabios y pacientes podrán incluso adivinar su futuro.

PS: Si no recuerdo mal hablábamos de Bob y de  Just like a woman (con la Mari una siempre acaba hablando de Bob). Creo que a partir de mañana empezaré escuchar música rusa, para no entender nada de nada, así dolerá menos.

Un beso para mis padres que hace 24 años decidieron que merecía la pena traerme a este mundo. Un placer seguir difruntando con un ustedes.

Parallel lines

El sábado cogí el autobus para ir a trabajar. Exactamente era el bus número 55, y fue exactamente en ese bus cuando me di cuenta de algo. Lo mayoría de los asientos de cualquier medio de transporte público están dispuestos de tal forma que solo llegamos a ver la espalda de nuestros compañero de viaje. Así vamos siempre detrás de alguién, y siempre hay alguién que va detrás de nosotros. Esa es la regla general, luego puedes sentarte en el último asiento de tal manera nadie cuidará de ti, y siempre está el narcisista que se sienta delante para verlo todo y sentirse adorado por el resto de pasajeros.

Es el sentimiendo de fila lo que me agobia, como me angustiaba estudiar las líneas paralelas en clase de matemáticas,  esas que corren infinitamente sin llegar nunca a encontrarse, como las vías del tren (por eso también los trenes me ponen triste).  Y ahora llega el momento cursi, es momento Carry,  nos pasamos la vida enamorándonos de personas que no se enamoran de nosotros y a su vez esas personas se enamoraran de otras y sufrirán por ser rechazados exactamente igual que sufrimos nosotros al ser rechazados por ellos. No enamoramos de la espaldas y simplemente esperamos a que alguién se de la vuelta, isn´t it?

En fin, a ver si hoy llevo a arreglar mi bici y me dejo de tonterías.

Love letter

” As the winter winds litter London with lonely hearts”

It is 4 o´clock and it´s already dark, my heart beats lonely and my skin is frosted. Days like this nippy sunday or last bright saturday are the reason why I decided to move to London one day a long time ago. Maybe one day I will go somewhere else, probably I will, but at moment I am deeply and madly in love with this city.

Coffee houses and NY cab at Shoredicth , sausages rolls for 70 pennies at Brick Lane, the smell of my grandma on a pair of vintage gloves at Stoke Newington Church, the swings in Finsbury Park, the gorgeous  man in every corner, Betty Page sat  next to me on the red bus, red lipstick, 3 pairs of shocks , checked shirts, denim jackets, fixed gear bikes (and boys), navy wool hats and  a hot cup of tea.

I love London with my whole heart, I can feel lonely today but I know I am not (To feel and  to be are two different things)

(Trying to be)

Music: “Winter Winds” by Mumford and Sons

El gran negocio

El Profesor MiseriaPhoto 61 residía en New York y compraba sueños a precios variables,  desde un solitario dólar hasta un conjunto de 10 papeles verdes bien jugosos para quién lo ha perdido todo.

Hace poco empecé reflexionar sobre este negocio, cuando me dí cuenta de que yo misma llevaba ya un tiempo haciendo algo parecido. Se podría decir que mi negocio era todavía más ruín por que yo cometía delito: robaba miradas.  Si, si, así como lo oyen. El mecanismo era sencillo. Daba igual el lugar y la hora, podía ser en el autobus, en el metro, en el supermercado, en mi bici…Mi corazón sangraba (nunca me ha gustado que me vean llorar) antes de producirse el crimen (prueba esta de esas carencias de las que ya he hablado anteriormente), era entonces cuando la parte racional de mi cerebro elegía un individuo de entre la masa caminante de cuerpos robotizados, bastaban a penas 3 segundos, un contacto visual y eran mías. El truco era mantener la calma. Luego las guardaba en mi memoria o en un papel (esta ciudad sin relojes puede producir lapsus y pérdidas de memoria para las que las compañías de compresas aún no han encontrado remedio)

Ustedes (mi madre y algún lector pérdido) se prunguntarán que hacía después con esos tres segundos robados a la vida de un ser desconocido. Pero amigos míos el título de este texto lo dice todo, y es que en épocas de crisis solo sobreviven los más fuertes ¿o eran los más ruines?

Flores

Photo 19Ayer acompañé a Marieta a hacer la compra al Tesco de Hackney. Para quienes no lo sepan es un gran supermercado 24 horas en los que una tiene que decidir entre enamorarse del hombre de su vida o comprar yogures y humous. 

A la vuelta decidí volver andando por Graham Rd, una de esas calles que a las 8 de la tarde en Londres parece el lugar más idílico sobre la faz de la tierra. Mientras miraba las flores que adornaban las ventanas me di cuenta de que hacia ya algún tiempo yo misma había decido llevar flores en el pelo. (Probablemente sea una moda más o una manera de esconder la necesidad de ir a la peluquería).  De repente me paré en seco,  justo a mitad de camino y miré hacia los lados, no había nadie. Me acordé de los muertos y de como los vivos los adornamos también con flores, por un momento pensé que quizá yo también estaba muerta y como mujer independiente de la era moderna  había decidido yo misma honrarme con mis propias flores.

Seguí caminando hasta llegar a casa, donde cené un tostada y un yogurt de fresa que había comprado en el Tesco (lo de enamorarme exigía mucho tiempo y no olvidemosque es un supermercado 24Hr). Al cabo de un rato subí a mi habitación y empecé a llorar sin consuelo durante unos 25 minutos. Pensé que si estaba muerta además de las flores debía de llorar mi pérdida. Al fin y al cabo las mujeres modernas y mi madre lo hacen todo ellas solas.

En fin puede que  entre Juan y Millás esto de mezclar literatura y realidad se me esté yendo de las manos.

Hoy no llevo flores, puede que la gente se de cuenta de que necesito un corte de pelo o de que estoy viva.

                                                                                                                                                                                                                                 A Patricia.