photo-9Perder, ¿en qué momento se da cuenta uno de que ha perdido? ¿y que significa exactamente perder algo? Llevo semanas dándole vueltas a este verbo por que a veces parece que los días de la semana son un juego de ajedrez en el que yo soy la Dama y estoy un poquito más cerca del jaque mate. Sin embargo cuanto más pienso en esa especie de vacío que supone la pérdida me doy cuenta de lo absurdo que es este verbo.

En primer lugar,  por que para perder hay que poseer y siempre me mostrado un tanto escéptica con este concepto, que suele crear sufrimientos innecesarios. Y hablo de poseer no solo objetos materiales si no personas, sentimientos. Creo que lo que más cercano que esta uno de poseer algo es esa sensación que se aparece de la nada en una carretera inesperada, en una mañana improvisada o en una noche sin reloj. Una especie de escalofrío que te dice que tu cuerpo ha firmado un acuerdo con tu mente no solo para ver , oler y escuchar , para ir un poco más allá.  Es como si se abriesen los poros de la piel para absorber el tiempo, y por unos segundos todo está exactamente donde debería de estar.  Dura tan poco que más te vale disfrutarlo.  Así que vivir es perder, ya que cada segundo es irrepetible. Ya sé que no estoy descubriendo nada nuevo para muchos de ustedes, pero quiazá escribir sea mi manera de llegar a acariciar  esos segundos.

Mi querido Wong Kar Wai regala minutos en sus películas. Curiosamente  volviendo a ver este clip me he dado cuenta de que era el 16 de Abril de 1960, ya se que  hoy es 17 , pero como soy muy fan de las casualidades no creo que sea simplemente pura coincidencia que justo hoy, haya decido escribir esto que yacía hecho garabatos hace tiempo en mi moleskine.

En fin señores lectores, disfrutes de este Jueves no por que sea santo si no por no volverá.

Y si les apetece bailar escuchen Follow de Chrystal Fighters. Y si , puedo decir que soy feliz.

 

 

viAyer leí una entrevista de Gael García Bernal en la que decía,  quizá en Mexico sufrimios tanta muerte por estar llenos de vida.

Y es que a medida que pasan los años se acumulan las cicatrices y con ellas los miedos y con estos las manos que se apartan antes de acariciar para evitar así el rechazo casi siempre imaginado. Lo que el tiempo no te dice cuando todavía escuece es que todo vuelve a la normalidad,  está se vuelve monótona,  y aunque al principio se agradece lo de la rutina por eso de estar estable,  uno retorna sin darse cuenta a embarrarse los pies de encrucijadas.

Así que mi querido Vicente, ese que pinta habitaciones con amigos, ahora solo te toca seguir. Te parecerá que el tiempo merma y levantarse es despertarse en una pesadilla,  cerrarás los ojos para desear que nada hubiese ocurrido, y sin saber muy bien como sacarás los pies de la cama y aunque suelo se sienta frío y la luz se vea un poco más gris, te levantarás. Ahora cierra los ojos, vuelve a respirar y acuerdáte de Meryl en aquella casa tan despojada de recuerdos. Todo pasa, aunque a las románticas como a mi esto le produzca una cierta nostalgia. Ser fuerte no es una cuestión de carácter aunque las madres se empeñen en decirlo,  es una cuestión de voluntad, es no mirar al otro lado por que preferimos la hostia a ir de puntillas. Antonio Gades decía que taconear es una extensión del latido del corazón al suelo, así que pisa fuerte para que no se te queden las lágrimas pegadas a los pulmones.

Como decía Gael estamos llenos de vida, quizá demasiado por eso sufrimos tanto, pero claro también vivimos más. Y si todo este amor que trato de escribirte en forma de colchón para que las noches sean menos solitarias,  no te preocupes llamaremos a Marieta y nos iremos a los volcanes que solo ella conoce para convertir  las camas vacías en cenizas y los recuerdos que ahora duelen sean solo eso, polvo.

Te quiere sin mesura tu Beatriz.

WDNSiempre de madrugada, en ese se camino fantasma que solo uno recuerda como un sueño suelo escribir algo en pocas líneas,  como si fuese un último intento de mi cerebro de ser persona, de resumir la noche, de darle un sentido más allá que la montaña de latas vacías y cigarrillos de papel.

“La piel desquébrajandose, enrojecida, enfurecida por algo tan inerte a mi que me es absolutamente incontrolable¨

Olvido ahora el por que de aquellas palabras y sin embargo no dejo de sentirlas como mías.

Entre avión y avión he empezado a desdoblarme, a acostumbrarme a la amargura de cada despedida, y aprender que el tiempo y la rutina borran desgraciadamente cada lágrima,  y que el ser humano es se adapta más que los camaleones. Y por supuesto todo tiene un punto y a parte, pero entre tanto ir y volver me he construído un lindo círculo de puntos suspensivos que salto con los ojos cerrados.

A mis 19 años escribí en un intento fallido de convertirme en poeta 20 poemas, los titulé Resacas. Cada poema era escrito después de una noche deambulando por esas calles húmedas de Santiago. Mi objetivo era llegar al número 20,  el día de mi 20 cumpleaños, escuchar 20 years de Placebo, siempre me ha gustado el número 2. Aún conservo aquella maraña de miedos y sueños que se abrazan a las páginas de una vieja moleskine negra. Hace poco las releí y me di cuenta de que faltaba la número 20. Si la última, yo recuerdo haberla escrito pero la página no esta y tampoco la copia en mi ordenador. Así que igual esa otra yo, la que se había ido ya de Santiago se la llevó, o quizá nunca la llegué escribir por que cerrar círculos siempre me anuda el estómago.

Los escenarios cambian y las circunstancias se han hecho más de cemento , han perdido el color azul del mar, pero siguen siendo igual de duras , o igual más por que ahora las palabras y las resacas se empapan de camas vacías y amigos a los que no puedo abrazar.

Por favor no se tomen en esto como el diario melancólico de una adolescente pérdida, aunque si releyese esto mañana yo pensaría lo mismo. Pero sí mírense al espejo y perfilen un dibujo de su cara con los ojos cerrados, no vaya a ser que les roben esa vida que aún les queda por vivir.

Canción Hollywood Forever Cementery Signs de Father John Misty

 

tumblr_muimp40IEZ1qb5t88o1_500Cuando vi por primera vez  “Todo sobre mi madre” lo hice en un cine, casi no había nadie y una de las cosas muchas cosas que me llevé en la maleta es la frase del final ” A Bette Davis, Gena Rowland, Romy Schneider… A todas las actrices que han hecho de actrices. A todas las mujeres que actúan. A los hombres que actúan y se convierten en mujeres. A todas las personas que quieren ser madres. A mi madre”

Llevo meses hablando con mujeres, no es que antes no lo hiciese si no que no me había dado cuenta de que todas aquellas conversaciones tan importantes durante esos meses en los que se me caía el mundo, todas ellas tenía un hilo conductor,  y es que la persona al otro lado del teléfono, ordenador o mesa era una mujer.

Nunca, nunca, nunca dejaré de sorprenderme de la capacidad que tienen las mujeres para sobreponerse, para no quejarse y recoger los pedazos de los demás (siempre antes que los suyos propios) para recomponerlos y recubrirlos de acero. No es que los hombres no sean capaces también, igual lo son , yo simplemente no los he conocido aún. Sólo hay 4 a los que tengo en un pedestal tan alto que ni yo misma lo puedo alcanzar, ojalá vengan otros y me demuestren que estaba equivocada,  pero sinceramente con estos me conformo.

Lo frustrante es que la vulnerabilidad parece cubrir nuestra piel, se escucha en el tintineo de un tacón. Sin embargo nos empeñamos en tapar con maquillaje y en disimular con prendas oscuras toda esa fuerza bruta y esa capacidad innata de darle vueltas mil a todo , quizá por que aunque hayamos avanzado muchísimo existe todavía ese sentimiento de culpa, del no querer herir al otro, ese papel de sufridoras eternas. Quizá por eso también tratamos de espantar todos esos fantasmas del pasado  que nos vienen inherentes simplemente por el hecho de mujer con ese gesto tan nuestro de apartarnos el pelo de la nuca. Madres, hijas, hermanas, tías, sobrinas, abuelas, amigas… Todas ellas son fuertes, y el mayor problema, es que no lo saben. Nos empeñamos  en vernos a través de los ojos de un hombre o de un espejo al que siempre le buscamos los defectos. Con tanto mirar por los demás se nos olvida cerrar los ojos y sentir la sangre , la nuestra, esa misma que escuece cuando nos rompen el corazón o cuando se va un hijo de casa, cuando un amigo te falla, esa sangre  que de una manera que incluso a veces ni yo misma entiendo nos dice, hay que tirar para adelante, llegados hasta aquí no me puedo rendir. Por supuesto todo esto son generalizaciones que algunos o muchos llamaran aberraciones sin argumento, pero ¿saben que? son mis generalizaciones, son mis historias, son mis mujeres.

En España un señor llamado Gallardón viene a decirnos que nos quiere proteger quitándonos la libertad, esa que tanto nos ha costado y nos sigue costando conseguir. No creo necesario explicar aquí el horror de esta nueva ley que pretenden imponer por que si no han saboreado ya la náusea es que poca alma y  todavía menos cabeza tienen.

A mi madre a la que todo ese tiempo preocupándose por los demás le está jugando una mala pasada, pero como ya he dicho seguir es lo que nos queda, dudar es humanos pero continuar caminando es de sabios.

 Photo by Naftels

IMG_4214“We are not tourists, we are travellers. Tourists are people who know they are coming back, travellers may never come back” (The sheltering sky, B. Bertolucci) Ahora me pregunto cuál soy yo de las dos, estoy de vuelta y sin embargo sigo allí.

Viajar te hace vulnerable de una manera sana, uno se desviste de rutinas y relojes, los días de la semana sufren amnesia y se olvidan de sus nombres y colores. Puedes planear un viaje pero es imposible predecir  el impacto que un país  puede tener en tu vida. Es de alguna como el enamorarse con los ojos cerrados, todo puede salir mal pero cuando sale bien te borras todas las cicatrices y las noches en vela de un golpe.

Es dificil explicar un país en dos semanas. Explicar un giro de 180 grados en una hoja en blanco es todo un desafío. Si las palabras se desmembraran del  papel/pantalla  y pudiesen abrazar al lector quizá así podría acercarles un poco más al precipicio.

La cosa va así:

Londres – Bangkok – Krabi – nervios – Ao Nang – humedad y Marina – Phi Phi – reconciliación con Argentina y una playa con luna llena – Ao Maya – la belleza hecha luz se puede beber con los ojos – Ko Samui – fiebre y contemplar – Koh Tao – felicidad, nitrógeno, euskera y cambio de planes – amanecer en un barco – Surathani – bus – Bangkok- 1.175 metros en un día – Chang Mai – reencuentro y picaduras – subir, barro y Hit – Marina es una heroína - Hoi Good Gub – silencio y luz entrecortada –  amanecer con Olaya y Lucas – bajada – río, miradas – Chang Mai – agujetas  y paz – bus – susto – Sukhothai – una ciudad se muere sin agua y otro atardecer- bus nocturno – Bangkok a las 4 de la madrugada – budas , tuk-tuks , mercados y miseria – Khao San Road – frenesí y embriaguez con luces de neón – Amphawa – dejarse llevar siempre trae cosas buenas – luciérnagas y un río- última noche – todo acaba – aeropuerto – Marina – despedida – Londres – invierno.

Cuándo te preguntan que tal un viaje nunca se sabe como empezar, quizá por eso a partir de ahora deberíamos jugar a nombrar los recuerdos con las letras del abecedario como cuando éramos pequeños.

Dicen que una imagen vale más que mil palabras, yo no soy fotógrafa pero me gusta escribir.  Si tuviese que escoger una palabra me quedo con agua, el agua en Tailandia se respira, se suda, se navega, en Tailandia el agua moja de arriba a abajo como diría Forest, es caliente, se te mete entre los dedos, se siente en la nuca y entre las piernas, se bebe como si fuese oro, se contempla, se cala, se navega, el agua te devuelve a la vida después de un día de sol y barro, 12 metros de agua por los que se filtra el sol, te aisla, te silencia los miedos y se lleva la gravedad para que todo sea menos malo, más sencillo, más real.

       A Marina por ser la compañera de viaje inesperada más increíble que podía haber imaginado. A Olaya y Lucas por llevar su amor hasta las montañas y dejarme ver el amanecer con ellos.  A mí por que este año no ha sido fácil pero ser una romántica tienes sus cosas buenas. Y como siempre a mis padres y a mi hermano que viajan siempre detrás de mis ojos.

photo-6Empiezo a escribir con 3 borradores inacabados a mis espaldas. Tecleo con el miedo  de saber que esto puede ser otro intento fallido. No voy a pensarlo mucho, a veces es mucho mejor dejarse llevar. Por momentos como este un verano me fui a pasar dos meses a trabajar a un hotel en la Isla de Wight o decidí un Junio de 2008 que yo no volvía a casa.

Hace poco leí un artículo de Javier Cercas, se titulaba “Vivir Fuera”, en el hablaba de como nos vamos para descubrir y con el paso de los meses te vas dando cuenta de que lo que dejas al descubierto es a ti mismo. Dice también que a Borges le hicieron falta 7 años en Paris para darse cuenta de que era argentino. Todo esto me hizo recordar un capítulo de Doctor en Alaska que vi en el salón de Domayo cuando tenía 13 años,  cuando todavía aquellas paredes me asfixiaban.  No recuerdo exactamente las palabras del doctor Dr. Fleischman, pero hablaba de como en cada viaje uno se va para poder volver y  poder entender así realmente por qué se fue.  Aquello me impulso escribir la primera línea de un cuaderno,  y desde entonces este se ha convertido en el más fiel de mis amantes. Recuerdo que aquel cuaderno ( más bien libretilla cutre) era de color amarillo y con un corazón rosa enorme en la portada. Con el tiempo me he pasado a las Moleskines negras en un intento de parecer más sofisticada o más bohemia como diría un amigo, aunque como dice Celine las cubiertas cambian con los años  pero estas sólo nos enmascaran, en el fondo seguimos siendo los mismos, seguimos sintiendo lo mismo.

El caso es que Londres  me he enseñado que soy mucho más gallega de lo que yo pensaba, y eso que el castellano es mi primera lengua, aínda que a Nena lembráme sempre que a constancia é unha virtude que hai que practicar. No he hecho nada para sentirme así, simplemente es así, como lo de enamorarse y desenamorarse.  Como tamén di a Nena “se quererse fose un acto voluntario  estaríamos todos con todos e isto sería un puterío”.  Y todavía digo más, soy Viguesa y me gusta. Vigo tiene esas calles feas y siempre en obras, tiene sus malotes (según Eski los malotes son una especie de origen vigués), tiene Churruca y una panadería abastecedora infinita de empanadillas a las 5 de la mañana. Tiene a los amigos que no hace falta llamar por que siempre aparecen. Tiene el mar,  y sí, está enclaustrado por un puerto dueño y señor de la ciudad,  y sí,  la playa no está tan cerca como en Coruña, y sí,  alguién tuvo la gran idea de poner el centro de la ciudad en una cuesta, así que uno se pasa el día subiendo y bajando , y sí , tiene un casco viejo que late vida pero llora con ventanas rotas y yonkis esperando su metadona. Y sí que gran error quitar el tranvía y todo el destrozo que se hizo en los 80 cuando todo se tiro sin ton ni son por que la palabra crisis solo conocían Almódovar y sus mujeres. Pero lo cierto es que yo no estoy hablando de que sea ni mejor ni peor, lo cierto es que simplemente a mi me gusta y he tardado casi 9 años en darme cuenta, joder ¡9 años!  Quizá sea este sea el amor que nunca encuetro por que ando demasiado ocupada entre películas,  las que veo y la que me monto.

En fin señores que los aeropuertos son algo tristísimo cuando uno no se quiere ir y que esto de madurar es un auténtico rollo.

Les dejo el aquí el artículo de Javier Cercas, Vivir Fuera, que por supuesto está mucho mejor escrito que el mío, pero por lo menos este no se queda en la bandeja de borradores.

Como esto lo escribo yo y por que escribir y soñar es gratis,  se lo dedico a Lola, a Nena,  a Astrid, a Bego, a Eski , a mis padres, a mi abuela y  a mi hermano, y por supuesto a todos esos que no puedo nombrar por que todavía no he ganado el Oscar.

photoCuando te rompen en corazón uno vuelve a las cosas simples, vuelve a  lo que nunca debió olvidar. En los últimos 3 meses me he dado cuenta de  que muchos recuerdos imprescindibles tienen como puesta de escena una cocina. Así que empecé a recordar todas las cocinas en las que he vivido, 11 en total. Y eso sin contar las de mis abuelas, amigos, tíos y tías, deconocidos y toda esa gente que aparece en una noche para desvancerse en el café de la mañana.

Sobremesas que se unen con la cena, riñas familiares sobre política y los minutos de cocción de unos langostinos(ambos de igual importancia), cucharadas de sopa con exceso de sal, cafés de una segunda cafetera, hacer montañitas de migas de pan en un mantel, bocadillos de chorizo e un vasiño de auga antes de ir para cama.

Y así uno vuelve a mudarse, a empezar de cero, a colgar las mismas fotos en una pared extraña para volverla amiga, a diseñar cinco focos de luz diferentes para que la cenital no vuelva los espacios en lugares sin alma, a sacar zapatos, a esconder fotos y a recordar noches gracias al hallazgo de la pareja solitaria de un pendiente rojo en el bolsillo de una chaqueta olvidada.

Cuando caminaba para casa pensaba en que algún momento echaré de menos esta calle que todavía hoy se me hace estraña, sé que  memorizaré la luz de mayo en la esquina de Jenner road y tendrá la misma belleza que la rotonda de Clapton, que la boca de metro de Bethnal Green, que las calles nevadas de Lordship Road, que la incertidumbre de Queensbridge Road y los atardeceres del balcón de Albion Road. Todas ellas pasarán al olvido y al mismo tiempo serán cicatrices de tiempos vividos, de personas amadas y de tantos errores cometidos.

Lo curioso es que todo pasa, todo se vuelve ceniza y al final las paredes de una cocina se reducen a las sonrisas de mi padres y mi hermano, a los labios rojos de Marieta, a las manos de Raque removiendo en el café, a las maneras impecables de Vicente en la mesa, a los platos vacíos en las cenas con de Oli y Lucas,  al ritual del los desayunos de Patri y a tantas copas sin acabar en casas de amigos a lo que debo visitar pronto.

Nadie dijo que era fácil, pero tampoco dijeron que era imposible. Sólo hay que encender la luz,  mirar por la ventana y saber que la gente que importa de verdad vive ahí, a la vuelta de la esquina. Las calles cambian pero los amigos siempre quedan.

A todos mis amigos que han tenido que irse, a los que han tenido que volver, a todos lo que dejaron todo pero se llevaron lo importante.

BrokenAsí es como conocí a Beatriz, allí sentada con el pelo suelto, vestida de negro y el maquillaje un poco corrido, en las últimas semanas no había dejado de llover.

Cortázar pintaba en la pared de aquella habitación dónde se podia oler la tristeza que a las Beatrices no se las elige como no se elige la lluvia que te va a calar a la salida de un concierto. Yo no elegí conocerla, yo no elegí entrar en aquella habitación y sin embargo ya estaba dentro.

Y así empecé a observarla, a seguirla, a escucharla, a simplemente convertirme en ella. Cada dos noches rebuscaba entre su pelo para quitarse esas horquillas negras que siempre aparecían en los lugares más insospechados, cada mañana preparaba el café y lo servía en un taza blanca, cada día entraba en la habitación y encendía las luces de su habitación y cada noche las apagaba en el mismo orden. El orden era algo importante aunque precisamente eso hubiese acabado por ahogar sus ganas de gritar.

Beatriz tenía la mirada pérdida, caminaba sin hacer ruído desde hacía ya unas semanas, como si la hubiesen dibujado en papel y alguién se hubiese olvidado de colorear por dentro.

Yo no era nadie para ella, yo era una sombra a la que le susurraba por la noches, y sin embargo ella contaba conmigo. Yo me convertí en el suelo firme, en el alo de aire al final de cada llanto, en la sensación de hambre, sueño y deseo, yo me convertí de alguna manera en el paso del tiempo.

Ella se agarró a mí sin saberlo, se levantó cada mañana de mi brazo y se acostó conmigo sin tocarme. Ella tejió un cicatriz entre su vacío y mi silencio.

Cuando el frío entre los dos se volvía de color azul ella ponía música y me decía con los ojos cerrados y  el puño atrapado en su pecho:

Take a little walk with me now

Take a little break from thinking all the time

Cause I need a fever darling

To make it on top

To put a little smile

To give me back the child

Sometimes we all need to unlock

Cause I need a fever darling

Don’t think that’s all

Just close your eyes

Cause everybody needs to step out for a while

Las callecitas de Buenos Aires tienen ese que se yo…

Aterricé de noche con el frio de un invierno desteñido ante la inminente llegada de la primavera. Doce horas de avión, un océano de por medio  y varias tazas de café con esperanza como azúcar.

Que difícil explicar dos semanas en una ciudad desconcida y sin embargo tan cercana. No quiero empezar la casa por el tejado, por eso he recogido los escombros y con ellos escribo este mosaico de impresiones y realidades fragmentadas por la mirada del ojo extrajero que no extraño.

Ciudad de inmigrantes con sueños cumplidos y de añoranzas de otra tierra y otros tiempos. Sus cafés son cápsulas de tiempo donde los recuerdos están atrapados en sus muebles de madera y en los uniformes de unos camereros a los que el paso de la vida les ha agriado el carácter, algo tosco, seco pero todo eso se olvida cuando llega el cafesito y las 3 medialunas reglamentarias.

Su estructuración por cuadras fuerza al caminante a eligir siempre un destino desconcido, una constante  encrucijada de cuatro caminos. Su division de escuadra  y cartabón contrasta con el caos de la ciudad. Al ruído de sus aceras quebradas le acompaña el motor incesante de sus “bondis” de latón coloreado, carreadores de las historias cotidianas de una ciudad a la que cuesta seguirle el ritmo.

Buenos Aires tiene ferreterías en cada calle, como si todo estuviese por hacer o por arreglar. A estos establaciemiento casi siempre vacíos se le suman las cerrajarías muchas puertas por abrir y otras tantas que no se quieren cerrar por ese regusto dulce que tiene la nostalgia.

No quiero ponerme hablar de la comida por que esto no es un texto culinario, solo decir que expresiones como “una de mussa” y “una empanidita de carne” deberían formar parte del vocabulario popular de cualquier país.

Desde hace tiempo que pienso que las grandes ciudades son unos monstruos de muchos brazos, o te dejas abrazar o pueden acabar estragunlándote. Son junglas con reglas y en Buenos Aires imperia la aleatoriedad como norma general.

Buenos Aires tiene sus oasis, y estos carecen de agua pero desbordan en ellos los libros.   Y es que el libro electrónico es una arma que lo porteños han decidio no empuñar. Las librerías son un  lugar no solo para la cultura, es una manera de parar el tiempo y el frenesí de sus avenidas.

Sus agujéros negros son las villas, son las vidas a medio construír en las vías del ferrocarril, una especie de purgatorio, una sala de espera  a un tren que nunca llega. Al otro lado la opulencia ciega del que tiene mucho y al mismo tiempo no posea nada excepo su ego.  Las llaman miseria, por la pobreza que sujetan entre sus manos, esa misma pobreza que sujeta unas casas incabadas, allí no hay ferreterías, quizá no conviene arrelglar las cosas.

A los colores de sus calles el sol les ha robado su niñez, pero aún así todos conservan una calidez constante, quizá porque a los porteños les gusta amar y ser amados. Se despiden con abrazos y te quieros, se saludan con sonrisas y grandes esperanzas, que bello es sentir de nuevo el calor humano. Quizá por eso les corra el arte por las venas, por que la vida no se reduce a facturas y responsabilidades, por que crear es una forma de respirar, mas sana, más honesta.

Buenos Aires, Madrid, Santiago, Paris, Londres, New York… Las capitales son ciudades sin patria, hogar de los exiliados del alma,
de los tratamundos indecisos incapaces de asumir el paso del tiempo y las fechas de cadudicad. Avenidas y callejones sin salida, las capitals son escondites  para los fugitivos hijos de la poesía, la música  y el arte, son ellos los negadores de las existencia de una realidad encerrada en cuatro paredes. Hay muchas más realidades pararelas, más jodidas más con los pies en la tierra, más quebradas, pero no me siento con autoridad de contarlas. Yo al fin y al cabo, solo fui un pasajero, otros pies que dejaron huella y se llevaron un poquito de ese aire porteño que tienes ese que se yo. viste.

 

 

 

Aquel 2012 cuando aún vivíamos en la Isla nos robaron el verano. Se llevaron sin preguntar nuestros sueños imposibles que siempre parecen posibles cuando se discuten en la terraza de un chiringuito de playa. Aquel verano echábamos de menos los bañadores secándose en los lugares más insospechados de la casa y el olor a crema hidratante. Incluso temíamos que el sol se hubiese ido para siempre.

Aquel verano nos robaron el derecho a descansar y no pensar ¿por que cuando si no en verano se le concede  al ser humano la posibilidad de tumbarse medio desnudo en un espacio público y no hacer nada?

Llevamos meses sin ver el sol y esta lluvia incesante carece ya de cualquier valor melancólico. Llueve sobre mojado y si no mojamos más acabaremos por descomponernos en micro partículas ante cualquier encuentro físico.

Las gotas contra la ventana nos dicen que el tiempo pasa y el gris uniforme de estos días alarga la rutina de un  mes que podría ser cualquiera, ya que en Inglaterra este año nos han recortado hasta las estaciones.

Escribo en pasado aún a sabiendas de que esto es mi tiempo presente, pero como se dice en mi querida Galicia: “Nunca choveu que non escampara”.

:-)

 

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