En invierno la mayoría de la gente camina mirando hacia el suelo, supongo que lo hacen para evitar que el viento se cuele entre sus bufandas y sus abrigos. Nada hiela más que el viento gélido sobre nuestras nucas, y si no que le pregunten al niño del Sexto Sentido. El invierno nos tersa la piel y nos hace más conscientes de la vulnerabilidad de nuestro cuerpo, nos congela las esperanzas y hace escarcha nuestras lágrimas. Miramos al suelo y olvidamos,  invernamos como los osos y la rutina se vuelve de una mecanicidad tediosa.  Así, cabeza agachada giramos las esquinas sin mirar, nos damos por vencidos, un derrotismo al que es fácil agarrarse.

Yo me imagino al invierno como un señor de piernas largas, americana gris y sombrero negro. Es un señor de una gran elegancia, pero hay un vacío en sus ojos que me asusta. A veces este señor decide arroparnos con un manto blanco, parece un acto bondadoso pero no se dejen engañar. Cuando empieza a nevar la gente se asoma por la ventana hipnotizada, es un fenómeno que tiene algo de milagroso, blancos copos descendiendo en una melodía silenciosa del cielo, como si fuese Dios sonriendo en millones de pedazos. Los rayos de ese tímido sol de invierno se filtran a través de ese cielo de un gris uniforme, rebotan sobre la nieve y todo se ilumina con una luz destelleante, una ilusión de un verano que todavía está lejos. Todo brilla y hasta se puede llegar a sentir una especie de purificación.  Pero lo cierto es que al cabo de unos días la nieve se derrite, llega el barro y llegan las bolsas de patatillas congeladas, los cigarros a medias, el carozo podre de una mazana y hasta calcentines en busca de su media naranja.

En ciudades como Londres la nieve desenmascara además una rabia contenida. Los niños de uniforme gris por la semana y sudaderas de capucha negra en el fin de semana, juegan por primera vez en las calles. Por el brillo de sus ojos me pregunto si es solo un juego o responden a la bofetadas de sus casas. Su sonrisa en este inocente juego no es la misma que la de los niños en las películas de Capa. Cada disparo trata de tirar abajo esta sociedad que les ha arrebatado su futuro, posiblemente ni siquiera les han dado la oportunidad de saber que podían tener uno.

Llevaba días pensando en el invierno cuando descubrí It´s all about love, película de un director danés llamado Thomas Vinterberg, que también dirigió la gran Dear Wendy. Sinceramente la película es mediocre tirando a mala, pero habla del frío, habla de un gran ciudad como es New York y habla de falta de amor en las grandes metrópolis. Siempre en planos secundarios y de una manera insoportablemente natural la pantalla se llena de cadáveres abandonados en aeropuertos, papeleras, aceras, etc. Es 2021 y la gente muere de tristeza en NYC, es un fenómeno corriente y los habitantes de New York se han vuelto inmunes a la tragedia de la muerte de un ser humano solo y con un corazón roto. Me pareció de una crueldad extrema y de una lógica indiscutible.

Solo pido una cosa, invierno váyase usted ya. Estamos indignados por sus engaños, no queremos sus bofetadas blancas y devuélvanos el sol, devuélvanos la fé en que a la vuelta de la esquina puede haber un mundo nuevo.

Era un hombre chiquito, pelo negro mal cortado, ojos tristes y boquita de piñon. Salía cada mañana a la calle sin saber que dirección tomar, no tenía una meta ni nadie al que besar. Simplemente caminaba. Sufría la enfermedad propia de su generación¨la insatisfacción¨

Este tipo de enfermedad ni siquiera estaba reconocida por la comunidad médica pero era facilmente contagiable. Los síntomas eran al principio inpercitibles, falta se sabor en los alimentos, cansancio por la inamobilidad del tiempo o la incapacidad para distinguir lo feo de lo bello. Con el transcurso del tiempo la situación se agrababa y podía causar cierto aislamiento social ya que cualquier tipo de encuentro con un ser humano producía en él un aburrimiento tedioso, las risas se volvían insonoras y los abrazos se escurrían en su piel como un pañuelo de seda.  Para los que no sufren de la enfermedad veían en él un hombre caprichoso, malvado y desagradecido. Algunos se compadecían de él y susurraban a sus vecinos: mira ahí va el hombre sin alma.

Los días pasaban y los segundos iban perdiendo peso,  los atardeceres se difuminaban y a veces le costaba distinguir si los cálidos de abajo pertenecía al comienzo de la noche o del día. Las alturas de los edificios tras su ventana se volvían una y aunque el viento moviese las hojas de los árboles, a sus ojos el mundo se volvía fotografía, una postal en blanco y negro sin destinatario.

Salía cada mañana sin dirección, salía con zapatos negros y pantalones de algodón gris. Cruzuba cada calle y doblaba en cada esquina, lo hacía sin ilusión pero seguía caminado. Los vecinos lo miraban con sospecha.  Acumulaba en su bolsillo cada sonido y cada imagen esperando que la brisa le arañase las lágrimas no lloradas y le llenase la panza de color.

80 días sin escribir. ¿Tanto le ha dado de comer al monstruo? Parece que sufre de un empache de angustias, prisas y excusas.

80 dìas y 41 horas han pasado. Pero aquì estoy sentada, dejando que este verano improvisado entre por la ventana, escuchando a Leonard y imaginando la habitación del Chelsea Hotel.

LONDRES.

Londres es la ciudad de los cielos grises.

Londres es una ciudad donde uno viene a cumplir sus sueños y acaba rompiendo muros de ladrillos rojos.

Londres endurece la piel pero las almas siguen estando mojadas.

Londres se esconde en los retrasos de un tren de cercanías. Resplande en un minuto de sol entre bloques de edificios donde se acumulan almas de vidas inacabadas.

Londres te barre a patadas los miedos y te multiplica las frustraciones.

Londres no tiene grandes avenidas sino callejuelas sin salida.

362 lenguas y un millón de malentendidos.

Es el final de un carnaval costante, un baile de màscaras de colores desteñidos donde todos sonríen y pocos se atreven a bailar.

La luz de esta ciudad no se haya tras las nubes, se esconde en las miradas de los desconocidos, en las casas de los exiliados, en las bodas de amigos que se quieren.

Londres es un suspiro que dura años y al que cuesta expulsar sin mirar atrás.

Pd: Con todo mi amor a London Town.

Queridos ciudadanos:

Hace días que los acontecimientos en las diferentes plazas de España me han convertido en una exiliada a la fuerza o en uno de esos millones de gallegos que un día dejó su tierra para buscar un futuro mejor. Habló con la humildad que me permite este individualismo en el que vivimos, el margen de error es inmenso, pero desde está pequeña habitación de paredes blancas,  ventanas grises y la cálida luz de una lamparita,  me invade la frustración que impone la pantalla de un ordenor. Trato de imaginar el nudo en el estómago del que se encuentran fuera de su país por que a la vuelta le espera la muerte, siento los puñetazos entre las cuatro paredes de una habitación de la que alguién ha tiradado la llave de la cerradura al mar.

Facebook, twitter, el correo, youtube,  las versiones digitales de cualquier periódico,etc son las herramientas con las que intento desesperadamente acercarme al corazón de todos los que duermen a la intemperie y fabrican sueños y realidades entre sacos de dormir, cigarros y cuadernos. En estos días me han enseñado a despertarme con los ojos más abiertos, he aprendido que la información tiene una forma curiosa de esconderse, que para ver el sol hay que salir a calle, que la revolución de la que hablaron nuestros padres tiene hoy miles de rostros.

Yo vine a Londres por decisión propia, tengo trabajo, casa, amigos… pero la morriña se oculta en la cara de un desconicido, entre el queso sin sabor de un sanwich, en la falta del olor a mar, en la carencia de terrazas y panaderías y en los abrazos que se pierden cuando uno vive lejos de casa.

Desde mi pequeño cuarto y bajo los cielos indefinidos de esta isla solo quiero decirles lo inmesamente orgullosa que estoy de ustedes, de que las fronteras se diluyen cada vez que los veo reunidos en las plazas. Y para los que no entienden muy bien que está pasando solo decirles que como dice Galeano estamos pariendo un mundo nuevo y yo quiero vivir en èl.

Gracias, gracias, gracias.

Humildemente suya,

Beatriz.

“Escribir es caminar, imaginar, recordar, escuchar, mirar. La naturalidad es tan perfecta que hace falta mucha atención para apreciar el artificio que la hace posible.”

- Antonio Muñoz Molina

Escribir es para mi jugar al malabarista. Tirar palabras al aire para dejarlas caer, pero hay que tener cuidado, hay que agarrarlas bien y saber elegir el orden correcto. Aquí no funcionan las matemáticas  y el orden de las palabras si que altera el producto.

Ejercicio número 1.  Escriba usted un cuento a partir de un título.

Imagínense a una niña bonita, una de esas a las que le brillan los ojos y el pelo incluso en los días nublados. Esa niña se llama V. A ella le gusta cazar las Olas del mar, se las lleva a casa por que el ruido del oleaje  siempre le ha ayudado a dormir, le ayuda también a no sentirse Sola. A ella también le  gusta pasear, pero le desagrada profundamente saber su destino y trazar cualquier tipo de plan, por eso siempre lleva un Yo-Yo, este pequeño instrumento le ayuda a abstraerse del tiempo, incluso a llega a desparecer y a olvidarse de si sus pasos son hacia delante o hacia atrás. Ella ha aprendendido que estas costumbres tan sencillas le ayudan a ser feliz y a no sentirse  Sola. Y es que a a veces por la noches todo se vuelve Oscuro y no precisamente por la falta de Luz. Ella sabe muy bien que aunque las noches son largas siempre llega la mañana, siempre llega el Sol (aunque en su ciudad haya que hacer grandes esfuerzos para verlo) y es que despues del invierno siempre aparece la primavera. A veces es mejor no hacerse más preguntas.

Vos y Sol.

Tiempo, tiempo, tiempo…A veces olvido el valor de los minutos, cuando dura un segundo y confundo las mañanas con las tardes. Siempre he creído que el dinero no compra la felicidad pero si tiempo.

Se me desdibujan los segundos como cuando la mirarme al espejo durante unas cuantas respiraciones empiezan a desvancerse los rasgos de mi cara, y no veo si los ojos están en el lugar correcto,  si la boca es la que oye y he empezado a besar con las orejas. Hablo del tiempo por que hoy se me han llenado las agujas del reloj con un montón de silencios, he mirado a hacia dentro y he vuelto a escribir por que ya no se si las 00:26 es tarde o temprano.

El tiempo hoy  se ha vuelto naranja, naranja como los atardeceres de un día de sol en una ciudad tan gris como esta.

*Foto de Alberto Balazs

Los mentirosos son casi inconscientes de su mentira, la soborean en el momento de pronunciarla pero tan pronto como clavan la estaca todo vuelve a cobrar sentido. No sienten culpa porque son ellos mismos los primeros en creerse sus mentiras. Su autoestima es un arma de doble filo, mienten en un alarde de creerse algo que no son, y sin embargo son tan vanidosos que alaban sus victorias, eso si, siempre en silencio.

La mentira en mi casa siempre ha sido pecado capital, tal vez por eso nunca he sido capaz de perdonarla. Yo más que la mentira practico el auto engaño , pequeños juegos del alma para que las cosas duelan menos. Así dejo pasar los días en donde sonrío y el espejo reacciona de manera muy gentil a mis engaños, siempre refleja lo que yo le ordeno.

La mentira duele, lo hace despacio ya que uno no sabe que la padece hasta que pasa el tiempo y aprendes a girar la cabeza hacia ese lado oscuro donde se esconde la luz. Una vez descubierta, la mentira se convierte tan real como la verdad misma, y con el tiempo la ira se va al país de nunca jamás. Luego viene el conformismo, nada más triste que la mediocridad sin revolución.

Yo iba a escribir sobre el concierto Arcade Fire, como los 7 músicos de esa banda y un viaje en autobus de 3 horas cambiaron mi manera de ver esta ciudad en la que vivo. Empecè la semana pasada con el texto y lo dejé a medias esperando que la sangre del corazón llegara a mis manos y las palabras empezaran a cobrar sentido. Dejé pasar los días esperando y comiendo trufas belgas de chocolate. Luego volví a escuchar las canciones de “The Suburbs” intentado revivir aquella sensación de felicidad y de ojos calientes, pero nada, mis manos seguían frías. Traté de conmocionar mi alma con diferentes películas, con relatos, con el silencio de mi habitación y con los vasos de pinta medio vacios. Nada.

Hace dos dìas volví a releer el discurso de Mario Vargas Llosa en el que dice como Flaubert le enseñó que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia. Me acordé entonces del prólogo de Música para Camaleones en dónde Capote hablaba de la disciplina que se impuso a sí mismo para conseguir la estructura perfecta, el ritmo y la armonía en las palabras. Y mira tu por dónde allí apareció Allen Ginsberg interpretado por James Franco en Howl, él narraba a la cámara  la necesidad del escritor de enfrentarse día a día al papel. Ginsberg hablaba también de como “la poesía es la articulación rítmica de los sentimientos”.

Ahora miro atrás y creo que Arcade Fire sacudió el orden y ahora me es imposible ordenarlo en palabras. Pero aquí estoy por que me he recordado de otra cosa, y es el placer de sentarse en esta cama de sábanas blancas y escuchar el tic tic de las teclas. Para tratar de evitar que los pasos de mis dedos no se tropiecen por la torpeza de mis pensamientos escucho la misma una canción una y otra vez, no sé si ha funcionado pero al menos lo he intentado.

Les dejo co con Deep blue de Arcade Fire (por cierto fue uno de los mejores conciertos de mi vida)

Otro gran momento, ¨El Perú es Patricia¨:

PD: Perdónenme si con estas palabras les he hecho creer que yo me comparo con estos grandes maestros de la literaratura, esa no era mi intención. Ni siquiera me atrevo a decir que me considero una escritora, yo simplemente disfruto del ese tic tic y de sentir las manos calientes, como dice siempre dice a miña nena, ¨è tan fácil facerte feliz¨.

En fin, buenas noches y disculpen las molestias.

 


¨Johny es un hombre entre los ángeles, una realidad entre las irrealidades que somos todos nosotros” .

J.C (El perseguidor)

Ese Johny del que habla Cortázar es realidad Charlie y ese Charlie es para mi Raque. Volver a casa es entrar de nuevo en esa realidad que tanto odié por esa pegajosa familiaridad de las esquinas con caras conocidas, del lugar donde  a veces se hace imposible escapar a las miradas usmeantes que observan con recelo al intruso en la burbuja. Pero rectificar es de sabios, los años pasan,  y volver a esas calles donde se puede caminar con los ojos cerrados se ha vuelto refugio y no cárcel.

Tal vez sean las croquetas, el mojar el pan en aceite, tal vez sea esa lluvia incensante y esas aceras convertidas en espejos, tal vez sea el olor a salitre mezclado con el sabor de una caña, tal vez sean los “buenos días manolo”, el que mayor estás y que cambiada se te ve (nunca he sabido si eso es algo bueno o malo), tal vez sen “El País semanal” de los domingos y una barra de pan caliente, tal vez sean Modas Pilar, el pequeño comercio, las pescaderas que te dan remedios para la gripe que funcionan mejor que las prescripciones médicas y ese gran colectivo de señoras (para las que seguro que el facebook tiene un grupo) que bajo cualquier pretexto se cuelan en cualquier evento social que requiera de orden de espera. Tal vez sea que a las 12 de la noche venga Raque a buscarte y llame al timbre de tu casa, nada de móviles, buses noctunos, morirse de frio en una bici y planear todo con bastante antelación para que las cosas salgan bien y no acabes cogiendo más buses nocturnos sin haber llegado a ninguna parte.

Jonhy, Charlie, Raque y las croquetas. Poco importa ya si la realidad es sueño y volver es un salto al pasado y el regreso a veces se hace futuro en la mesa de un bar. It´s just nice to be at home.

PS: No tenía una buena foto de las croquetas,  se admiten sugerencias.

 

Hace dos semanas que compré mi entrada para “The Dreamers and Bernardo Bertolucci in Conversation”. En Londres para este tipo de eventos y especialmente durante el London Film Festival es casi imposible conseguir entradas, así que llegué al BFI (hogar para cinéfilos y personas vestidas de negro) contenta y dispuesta a pasar una hermosa velada. La cosa no empezó bien ya que cuando fui a recoger mi entrada la señorita de la ventanilla me dijo que la película había empezado hacía una hora y que no podía entrar. Depués  de 84 minutos de espera entre un sandwich y un pedazo de “lemon cheesecake” con vistas al Támesis, entré a aquella habitación de alfombras rojas y cortinas de terciopelo.

Después de una breve intruducción apareció Bertolucci, entró en silla de ruedas y con un rostro cansado. Pensé por unos segundos que aquello iba a ser una fracaso, una vieja gloria con demasiadas horas a sus espaldas incapaz de impresinar a audiencia expectante de magia. Me equivoqué, y como me gusta equivocarme. El maestro habló con un inglés correcto, despacio pero con gracia, inteligencia y mucho humor. Se podía ver por el brillo de sus ojos y la serenidad de su voz que es un hombre feliz  y enamorado hasta las entrañas. Enamorado del cine, de ese magia que es sentarse por dos horas delante de una pantalla y desparecer, de ser capaz de ver los grises entre los blancos y negros , de convertir diálogos en minutos incapaces de olvidar para el que cree con tanta devoción como la que yo tengo que aquello es real, es posible, es de verdad.

Una vez una amigo mio me dijo que estaba muy preocupado por mi,  dudaba de mi capacidad para saber distinguir que las películas y la vida real. Le dije que yo era consciente de el muro,  pero que a mí me gusta saltarlo. Algunos dicen que es una insensatez, una niñería, yo simplemente creo que es una manera como otra cualquiera de vivir y ser feliz.

Fueron muchas las anécdotas que el relató (como buen director es un gran contador de historias). Entre ellas está una sobre la escena de “El útlimo tango en París” en que Marlon cuenta algo personal de su pasado, aquel relato no estaba en el guión. Bertolucci nunca supo si aquella historia sobre su niñez era ficción o era real. Fue años después leyendo la biografía de Brando cuando se dió cuenta de que Marlon había relatado un recuerdo real de su infacia.

Lo que más disfruté de esa hora y 15 minutos es ver alguién que ya ha cumplido con muchos de los sueños que yo tengo  sigue teniendo la misma pasión por el cine que la de un chiquillo de 13 años que entra por primera vez en esa sala oscura llena de estraños. En “Almost Famous” hay un gran escena (una de muchas) en las que Saphire describe de manera muy honesta lo que significa ser fan: They don’t even know what it is to be a fan. Y’know? To truly love some silly little piece of music, or some band, so much that it hurts.” Yo siento lo mismo cada vez que presiono el play y cada vez que la ocuridad se hace luz y veo la calle desde la ventana de mi habitación.

Bertolucci contó también como Jean Renoir lo llamó para expreserle su admiración por la película  ”The conformist”  y que sería un placer para él conocerlo en persona. Bernardo y su mujer (grandes admiradores del director fracés) volaron inmediatamente a la residencia de Renoir en Los Angeles, donde  les recibió un hombre de 80 años y en silla de ruedas (curiosa coincencia a la que Bertolucci hizo mención diciendo que no había acudido en silla de ruedas por que se considerase un genio como Renoir). En aquella conversación Renoir mencionó que él nunca cerraba las puertas del estudio de grabación, ya que nunca sabía lo que la realidad podía ofrecerte , siempre hay que dejar una puerta abierta. Desde entonces Bertolucci nunca ha cerrado la puertas de sus estudios. Yo  solo tengo dos palabras para describir esto, ¡Qué bonito! Perdóneme el infantilismo de la expresión pero en temas de amor no me gusta ponerme pedante.

Disfruten y vean.

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