Un acto de honestidad

Captura de pantalla 2016-11-13 a las 20.33.09.pngSalí a comprar como muchos madrileños un sábado por la mañana. Entré en una tienda dónde estaban de liquidación y compré 3 cuencos pequeños de cristal. Continué hasta la tienda de té y al salir de esta mientras cruzaba la calle la bolsa se rompió y los cuencos se hicieron añicos en el medio del paso de cebra. Volví a la tienda para comprar otros, cogí también un tupper ware de cristal pequeño con tapa roja y cuando fui a pagar el hombre me dijo que no, se lamentó de que la bolsa se hubiese roto, que no hacía falta que volviese a parar que lo sentía de verdad. Y allí en ese mismo instante lo vi en sus ojos, honestidad en estado puro, fue bueno y justo, se me erizó la lengua al decir gracias.

Cuando muere alguien como Leonard Cohen, el mundo se vuelve un poco más frío. Evidentemente no lo echaré de menos, no solíamos hablar por teléfono ni quedar para tomar café, aunque me hubiese encantado hacerlo. No me sé todas sus canciones, ni el título de sus discos, ni siquiera sé si estuvo casado, si era de té o café. No pretendo ocupar el duelo de los que si lo tuvieron cerca, de los que probablemente llegaron a vislumbar dentro de su alma. Sin embargo cuando leí la noticia el viernes por la mañana fue como si llenaran los pulmones de lágrimas, se me encogió el estómago y el tiempo se detuvo. ¿ Por qué ? ¿Por qué sentir la muerte tan cerca cuando está tan lejos?

No es por él, es por el pasado que ya no volverá, es por los recuerdos, por las personas que sintieron conmigo sus canciones como si no hubiese nada más en el mundo. En ese mismo vagón de metro de camino al trabajo volví a Santiago, al suelo de aquella habitación con Patri dónde escuchábamos Chelsea Hotel y palpábamos la indescriptible sensación de estar vivas. Volví a Castrelos, a aquella tarde de verano con Marieta y mi madre, dónde él vestido con un traje negro impecable se arrodillaba despacio ante las cuerdas de una guitarra española, ante nosotros. Volví a mi cuarto, a mis 22 años, a sentir el cosquilleo en la la nuca mientras el coro de niños franceses aparece en The Partisan. Volví a ser yo 10 años atrás, sentada en las butacas rojas del Teatro Principal, viendo a Rufus Wainwright describir como Leonard intentaba resucitar a un pequeño gorrión.

En estos tiempos en los que nos ha tocado vivir se disparan en el muro digital todo tipo de lamentaciones, el duelo se desviste ante un millón personas que no quieren sentirse solas. Y es así , rebuscando en el muro que descubrí el discurso de los premios Príncipe de Asturias, lo vi a través de la pantalla de mi móvil haciendo cola para un restaurante. Y ahí otra vez volvió a pasar, se detuvo el tiempo, se me congeló el alma y se dispararon las palabras en mi cabeza. Gracias dijo el hombre, que allí con su voz pausada por el paso de los años supo ser solo eso, un hombre.

Gracias Leonard, gracias a ti por parar el tiempo y por dar voz a la soledad y acordes a la esperanza de que la belleza y la bondad están ahí, escondidas esperando a que alguien sepa verlas.

 

 

 

 

 

Como olividamos de enamorarnos

img_4480-copia-2Hace ya unos 3 años que una idea ronda mi cabeza,  la gente ha olvidado de como enamorarse. Y no lo digo solo  en el sentido romántico de la palabra, si no en uno mucho más amplio, que incluye amigos, hermanos, primos, hijos, colegas y hasta vecinos.

Esta obsesión por el yo y por un futuro que labrarse nos ha puesto a todos  una cuerda en las muñecas, una venda en los ojos y sobre todo una mordaza que no sólo cubre nuestra boca si no que nos ahoga el estómago y los pulmones para que no llegue aire al cerebro y así se vayan muriendo las palabras entre objetivos y proyectos.

Escribo esto desde la primera persona muy consciente de los juicios y conclusiones que se pueden sacar cuando una mujer habla de amor.  Dicen de mi que soy una persona enamoradiza pero lo cierto es que solo he amado dos veces y media. Lo terrible es que cada vez da más miedo, dilato más los silencios y esquivo más miradas.  Quizá exagero pero en mi generación hay un miedo terrible a vomitar un simple me gustas, a comprometerse con algo más que nosotros mismos.

Intimar, desnudarse ante otra persona sin volver la espalda y convertirse en algo más puro y perfecto que uno mismo. Por que sin el otro, perdemos la perspectiva de nosotros mismos. Y no quiero decir que sin el otro estemos incompletos, ni que haya una amor infinito que nos salve de nuestra soledad universal, pero me preocupa seriamente que nos estemos convirtiendo en seres incapaces de amar por que si, sin un razonamiento lógico, sin  un propósito y un objetivo. Me aterran los no tengo tiempo para esto, porque en un mundo lleno botones para compartir parece que están desapareciendo personas capaces de darlo todo por alguien y no por algo. Amar significa para mi la forma más plena de empatía, y sin ella poca esperanza hay en el mundo para que las cosas vayan a mejor, incapaces de amar seremos criaturas impotentes a cualquier forma de diálogo y entendimiento con nosotros mismos y con el otro.

Me pregunto si este pensamiento que se ha convertido en una especie de virus adormilado en algún lugar de mi estómago, es algo puramente generacional o quizá es un peldaño más en esto hacerse mayor. Si es lo primero lo asumo y lucharé por cambiarlo, si es lo segundo me encuentro en una habitación a oscuras tratando de buscar la luz con la yema de mis dedos.

El mayor síntoma de este virus son las preguntas incesantes, esas que te asaltan en la cola del super o subiendo las escaleras de metro ¿a qué tiene miedo la gente ? ¿ por que la sinceridad se ha convertido en una rareza ?

No existe una palabra para describir a alguien que ha perdido un hijo, tenemos viudos y huérfanos pero no para expresar quizá la mayor desgracia del ser humano. Me obsesiona como la lengua transforma nuestra manera de ser, de comportarnos, de crear una cultura y una forma única de ver el mundo, cuando nos faltan las palabras somos como combatientes a los que nos amputado una parte de nuestra alma.

Pensando en palabras que no existen me he dado cuenta de no hay vocablo para describir cuando se pierde en un amigo, quizá porque estos no se pierden de golpe, lo hacen lentamente, se desdibujan en la distancia  de un cruce de caminos divergentes. Perder sin luchar es la mayor de las derrotas y creo que ahora mismo vivimos un mundo de perdedores ciegos por la luz azul de una pantalla de móvil.

Olvidar como amar, como es decirle a alguien te quiero y también te odio, como escuchar con la piel y hablar con suspiros, es creo la mayor derrota a la que esta generación se enfrenta. Mirar al otro lado porque querer significa demasiado esfuerzo, demasiado tiempo invertido en algo sin remuneración inmediata. Nos asusta tener que parar, tener que tornar los ojos hacia uno mismo, hacia la oscuridad de nuestro ser y esa creencia tan egoísta de pensar que somos únicos en el mundo, y para que intentarlo si estamos condenados al fracaso. ¿Pero acaso no es mayor fracaso no arriesgarse de nuevo ?

Escribo esto porque el virus me ha atacado de nuevo desde el lunes por la noche, y esta vez ha dejado entumecido mi cuerpo durante 48 horas, he dormido tanto que mis párpados se han vuelto de un tacto aterciopelado.  He sudado dormida y despierta, en la horizontalidad de mi cama, de este cuarto pequeño de un barrio bien de Madrid.  El virus aún sigue vivo acechándome con sus preguntas. Así que he dejado que mis manos obedezcan sin miedo a sus plegarias.

Olvídense de ustedes mismos, salgan ustedes a escuchar, a palpar, a comer a deshora, a hablar sin objetivos, a mirar al mar  por que sí, a coger el teléfono y marcar un número(si lo hacen de memoria mejor), a hablar en los bares y bailar en el andén del metro.

No olvidemos de amarnos, de abrazarnos y reírnos, porque si lo hacemos estaremos perdiendo lo más nuestro que tenemos, nuestra capacidad de respirar a través de los pulmones de otro, de imaginar un futuro con el corazón de quién está simplemente a nuestro lado.

 

 

 

 

 

 

9 días

IMG_0081“Han conseguido ponernos 14 horas de trabajo y por tanto nos han quitado la capacidad de reflexionar, de vernos, de vestirnos, de hacer el amor despacio, de pintar la mesa, de limpiar detenidamente una botella, o de mirar a tu hijo a los ojos”

Juan Diego, entrevista El Pais 08/11/2015

Y así llegó Noviembre.

Casi hace un año que volví y ahora estoy aquí en Madrid por fin en tierra peninsular. Y sin embargo la búsqueda sigue, ella nunca se cansa es como una bestia dormida que se acurruca justo después del esófago, cuando se despierta te entran las náuseas porque ella quiere salir pero como a todos le da miedo lo desconcido. En este camino sólo 5 escritos, un mundo por perfilar, personas a las que sorprender y otras tantas a las que extrañar. Y es que nunca se deja de echar de menos cuándo guardas la maleta debajo de la cama.

Y así llegaron los que cambiarán el mundo.

En este aterrizaje de casi ya 8 meses aparecieron ellos y ellas esos que confian en sus manos la esperanza de que todo vaya a mejor cuando el resto delega en la inercia un futuro siempre impredecible.  Aquellos que saben que el cambio sólo existe en la acción y en la fé inquebrantable de que ellos son únicos. Aquellos que no descansan por que los soñadores nunca duermen, solo cambian de estado físico por la noche. Magia.

Y así llegaron los días de sol.

La luz que Madrid me regala cada día sin pedir nada a cambio, como el mejor de los amores. Los cielos grises de Londres se hacen cada día más lejanos y sin embargo me abrazan en sueños quizá para recordarme que allí, en La Isla sigue un pedazito de mí, en algún lugar entre London Fields y Clapton Pond (solo espero que no se quedase atrapado en Narrow Way). Con la luz llegaron también las sombras y es justo ahí dónde debemos pararnos a observar, a jugar a detener el tiempo.

Y así llegaron de nuevo los relojes infinitos.

Yo no quiero creer en los lunes ni en los domingos, quiero que los días se midan por los paréntesis en los que el mundo te engulle como si de una pitón se tratase y sabes que respirar es un milagro de sucesión casi infinita. Quiero que las noches sean la puerta a un mundo dónde no hace falta cruzar en rojo, dónde la gente contempla los minutos en una pared, dónde el frío se oye con los ojos cerrados, dónde los caminos se cruzan y no hay flechas y el miedo no es no encontrar en los bolsillos el aparato sabelotodo, el miedo es quedarse quieto. Dónde equivocarse es la victoria y la meta una tumba.

Y así llegó el mar.

Aunque esté a 596 km, aunque Castilla parezca interminable sé que al final de A6 está el mar y el resto poco importa ya.

A Marieta,

que en sus silencios me recuerda que a nuestras heroínas les afila la belleza la melancolía, que son hermosas por que sus ojos te dicen que han vivido (Razón número 7)

No hace falta entender, solo saber estar.

Chas!

anitaA mi me hacía falta una Ana en mi vida para ir cerrando un poquito más mi propio círculo de casualidades. Y así llegó ella, de improvisto y en Madrid.

A ella le cuesta distinguir la izquierda de la derecha, quizás por que todavía se está abriendo camino. Cuando se ríe hace que las cosas se levanten del suelo, y sin quererlo has llegado a otro punto de la habitación donde ella te vuelve a sorprender. Tiene una melena que lo envuelve todo y que envidio sin ocultarlo. Le gustan los dibujos infinitos y laberínticos que siempre vuelven para mí a un mismo punto, sus ojos. Que no le falte un sanwich de jamón y queso, unas bambas blancas y un cuarto bien limpio. Puede bailar durante más horas seguidas que yo y eso me jode, pero en el fondo la hace la pareja nocturna perfecta. Tiene una belleza muy suya, para dentro, tan tímida que todo se torna invisible a su alrededor, menos tú, por que ella si escucha. Habla casi tanto como yo y aunque a veces todo se le vuelva ruido se inventa bases para cuadrar ejércitos de ideas.

Y quizá todo se quede en un bonito sueño o en una casualidad, quizá estos esbozos se me borren con el tiempo y sus trazos se vuelvan gruesos y no pueda entenderlos más, pero ahora que Madrid te ha puesto en mi vida quiero decirle al mundo que vivan las casualidades de 3 letras, los ojos verdes y tu melena al viento.

Felicidades Ana!

Yesterday it was my birthday and facebook didn´t tell you

IMG_0610Levantarte un 2 de Junio para la mayoría de la gente no tiene mayor importancia, sin embargo yo siempre me levanto rara. Da igual el día de la semana que sea, si es 2 de Junio siempre es mi cumpleaños, es una seguridad que a la mayoría de la gente le incomoda ,y sin embargo a mi me produce una inmensa tranquilidad, como la de levantarte en casa de tus padres y saber que hay comida en la nevera.

Hoy escribo por que quiero decirles a ustedes, esos pocos lectores que se esconden ahí fuera, que me lo he pasado muy bien. Quizá todos piensen que el este individualismo de la era  digital es una auténtica jilipollez, aún así permítanme el atrevimiento de narrarles los acontecimientos de este 2 de Junio en el cumplido 29 dulces años.

Me he vestido de negro por que ayer leí una artículo sobre Nick Cave dónde hablaba de la importancia de no perder la elegancia  a pesar de los fracasos,  me he pintando los labios de rojo por que desde que estoy en Madrid me dan ganas de besar así en general, me he puesto tacones aunque fuese Martes, por que eso de esperar a los fines de semana me parece un convencionalismo absurdo, y me siento excepcionalmente orgullosa de haber llegado a casa más de 14 horas después sin ningún tipo de dolor. Me han regalado una planta para mi casa (digo mi casa por que ahora vivo sola y eso me llena de gozo), en vez de tarta me han dado tortilla y para los que me conocen no hay mejor regalo que algo que conlleve patatas. Y lo mejor,  caminar de vuelta casa en tacones, sudando hasta por las pupilas como decía Lorca, y volver con los labios ligeramente borrados, no por que hayan sido besados, si no por que he hablado tanto y tan bien, que las cosquillas de ahí adentro han arrastrado el carmín como intentando dibujar en el aire todas esas cosas que nos enseñan a guardar a medida que los veranos se convierten en viejos conocidos.

Gracias a mis padres y mi hermano Rafael, a esos amigos que siempre están ahí y a esos nuevos que hacen que la vida sea cada 2 de Junio algo mejor y más bonito.

Para los que no han podido estar aquí, bailen un poquito a mi salud:

 

A ella le gusta el carmín rojo de Chanel

FullSizeRenderNació en 1914, ha vivido una república, una guerra civil, una larga dictadura y una democracia que hoy se tambalea. Ha pasado de la peseta al euro, hoy en día dice que él que inventó el iphone fue mi listo porque los números son grandes y que mi tatuaje en el brazo izquierdo es verdaderamente elegante. Desde que la conozco se pinta los labios de rojo Chanel y siempre lleva tacón. El Celta de Vigo es su equipo por eso en cada de celebración no pierde oportunidad de cantar su himno,(llegó a ser socia número 13) Cada fin de año canta Adiós muchachos de Gardel y una Rianxeira.  Siempre ha tenido carácter y aunque los años le ha robado la memoria, le han ablandado el corazón y ahora cuando te abraza lo hace como si fuese la primera vez. Le gustan los dulces, las toquillas burdeos y el mar. Ella es Vigo de toda la vida y Loriga es su castillo donde lleva años observando desde ese balcón a los que van y vienen. Si pasean un viernes por el casco viejo la encontrarán sentada en Don Gregorio.

Hoy mi abuela cumple 99 años y yo quiero darle las gracias por que gracias a ella estoy yo aquí, 70 años nos separan y la vida se coge con más ganas al verla sonreír a pesar que las rodillas le fallen y los recuerdos se le enreden.  Así que desde este sol de Madrid donde la vida empieza por fin a tener un poquito más de sentido, le quiero dedicar esta humilde felicitación y por supuesto esta canción.

Un beso abuela.

Las terrazas de madrid

Alberto siempre me decía que lo que echaba de menos eran los murmullos de las calles de Buenos Aires. Como comprenderás a un chica de 24 años le dices eso y con acento argentino y se enamora. Pero ha pasado el tiempo, la heridas han cicatrizado y ahora los murmullos de las terrazas de Madrid me dicen que la vida hay que vivirla y escucharla (muchos se olvidan de esta segunda parte)

Sabina hablaba del ruido, y ahora entiendo por que me encontraba tan sola en aquella isla. Me faltaba el barullo, se me había silenciado el corazón y ahora está tan lleno que me agoto a misma. Y me repito una otra vez que debería callar, y que si habló debería hacerlo más despacio, que si me muevo debería hacerlo por necesidad y no por impulso, y al mismo tiempo se me ha encendido el estómago, me arde la garganta y lo único que quiero gritar es: Estoy.

La gente se ha olvidado de estar, se ha conformado con los tengo y se ha acomodado en los debo. Sin embargo yo ahora vivo como si los segundos se me quemasen de las manos. Sé que se acabará, todo se acaba, ¿pero que me impide disfrutarlo?

Hoy leí que el amor es como la materia, nunca se destruye solo se transforma. Y yo pregunto si transformándome como estoy me quiero más o menos, si me ha olvidado de lo que es querer a alguien, por que la soledad se me antoja divertida en estos momentos.

Y el resumen a toda esta sería desvaríos de un Martes Rosa es que me gusta Madrid, que eso de que  las calles me resulten extrañas me excita y que los aviones ya no son despedidas.

Finally I am back

Yo prometo como Scarlett (pero sin vestido verde de cortinas)

Edinburgo Part 194¿Hace cuánto tiempo que no le dicen a otro ser humano Me gustas? Y no lo digo solo en el plano amoroso, si no también en el amistoso.

Mientras pensaba en cuando había sido la última vez que yo misma lo había dicho, llegué a otro pensamiento más aterrador y es que hace tiempo que no digo la verdad. No es que mienta por que mi madre me enseñó que la mentira es lo único que no se perdona. Pero tanta decepción y tanto capullo suelto han hecho que me coma las palabras. En mi opinión ya no se dicen me gustas ni te odios, ni se maldicen los desamores, solo se dibujan silencios antes de dormir, se piensan conversaciones de a uno en paradas de autobus, se fabrican sentimientos a los que adjudicamos una persona que nos gustaría que los sintiese. ¿Soy yo que me he vuelto miedosa o somos todos que nos hemos vuelto adultos y cobardes?

Mientras desempaquetaba las 12 cajas que traje de vuelta a esta habitación, me encontré con la ardua tarea de abrir los cajones que dejé cerrados hace 7 años. Hubo un cruce de memorias de una niña y una chica (me asusta decir mujer). Cartas, postales muchas postales, entradas de cine, regalos , post-it de Patri, fotos y por supuesto todas esas libretas negras. Releyendo todo aquello me di cuenta que el paso del tiempo se había tragado mis verdades y el polvo había conservado solo aquellas que un día dije por la inocencia de aquel que no sabe que es el desamor. Se me presentan aquí dos factores clave para justificar estos silencios: el irremediable miedo a sufrir o la vergüenza de la locura. Creo que el temor a que me llamen loca gana esta pelea, y es que esto de crecer es como vivir entre en dos líneas convergentes que están llegando a su fin, empiezas campando a tus anchas y acabas convirtiéndote en un punto negro sin gracia como te descuides.

Pienso en “Cosas que nunca te dije” y aunque la peli nunca me gustó, pienso en todo lo que callé y me asusta pensar todo lo que nunca diré.  Así que para  el 2015 prometo como Scarlett que jamás volveré a callarme los me gustas.

Muchos dirán que esto es una cursilada total, mi querido amigo Eskio probablemente esté vomitando en estos momentos.  Pero es que ya me cansé de tanto formalismo, tanto whatsup de tick azul sin contestación y tanto amar sin palabras. Así que les animo a ustedes a decir, y si son cobardes como yo a escribir todo lo que les gustaría decir al mundo. Y es que vivir para callar me parece una auténtica pérdida de tiempo, eso sí hablen siempre con nuestra amiga la empatía presente que no es cuestión de ir por ahí haciendo daño a la gente.

A todos mis amigos que han recorrido conmigo este año de cambios

y a todos los amigos nuevos que están por llegar.

My dear London

dalston1Some people have asked me why I decided to move back to Spain. Why , why , why ? I am afraid to disappoint you but there is not a magic answer, I haven´t fallen in love or I haven´t found the perfect job (does it even exist one?). I have built a life in London for 7 years and now I am coming back to a place where my last memory was the one of a naif 21 year old girl who thought London was the place to live and to die. I just simply wanted to come back; there is no need to have “A Reason”.  It has taken me three years to understand this. Many people have also said that I can always come back, that London is not going anywhere. But I have, I have probably left the city years ago even though I was physcally living there.

Lots of people say that Spain is a broken country, pretty much everyone except my father who is the eternal optimist. Well I guess that if it is broken someone will have to fix it, am I right? Of course I am not the solution but I feel I owe something to this country. From my experience and by listening to people on the streets I think spaniards we tend to look down on ourselves while comparing us with other countries (specially Europe and North America). Sometimes I have the feeling that for some people we are just the fool of Europe.  Guess what? We are not. I have met so many Spanish people who are incredibly talented, hard working and above all that they are fighters. On the other hand I have kept so many friends here who are fighting to keep working, to keep living with dignity. So to me we are just simply good fighters, inside or outside.

London was and it is to me an ecletic spider web of people, the memories of them are what I have brought back.  I think of London as a grey womb where many uneven souls come to get lost and be reborn again.

I have always said that I became Galician in London. The endless freedom that London gives you to be who you truly are can be sometimes overwhelming. And there is always a point where you need to look inside to find your roots, to look for an anchor and don´t dragged into the craziness of the city.

Some people can see my departure as failure, I personally see it as a victory. London is a kind of net that traps you and at some point you start to believe there is no life outside Zone 3. Don´t get me wrong, London is the greatest city in the world to me (New York is also cool though). I deeply love it she´s been my most loyal and faithful lover for almost 7 years. But it I guess it was time to move on.

We live in a world with the latest technology where people live obsessed with the origin of things, some examples: crafted beer, hand carved wooden spoons, homemade bread, organically sourced meat…Well I could say that I have come back to craft that part of me that London has given me and melt it with the part I left here.

Some of you have read other pieces that I wrote in the past, this is the second time that I try to write in english. I would like to apologise for all my mistakes but I felt I owe the english language this effort. Speaking another language expands your freedom somehow; it gives another edge to your personality allowing you to think outside the box because you have to. To speak you need to think, to dream, to scream, to cry, to fuck, to laugh, to mourn, to love in those words that one day were completely   meaningless.  Now with time, with 7 years behind your back these words became so yours that no one can take them away and somehow you´ll never be the same. The same way that any Galician people can´t live without the word morriña next to their bed. Words are alive because people live through them.

So my dear London friends thank you for building the city and thank you for your sweet love on those last days, thank you, thank you, thank you. My dear London city thank you being just you and letting me to be just me. And last but not least I would like to thank myself to make it to London and make it back home. Well the word home seems a bit vague and blurry these days, let´s just turn the page and see what happens on the next chapter.

A todos los que se quedaron, a los que se van a ir y a los que volverán, gracias.

 Photo: Lucas Levitan

Tras la muerte de Bacall

Blue meTras la muerte de Bacall me di cuenta de que me había olvidado de ella, yo que tanto la quise (escribo en pasado por que la muerte mata sin quererlo un poco del presente). Y es que de alguna manera para mi todas las estrellas de Hollywood están ya muertas, guardadas en un olvido, ese que dice que cualquier tiempo pasado fue mejor. Y es que imaginarse a Bacall con Bogart cenando con Hepburn y Tracey no parece real, parece de un película, cenas así no existen entre nosotros, los comunes.Y después de asumir que Bacall ya no extrañará a Bogart por la noches, di  con una entrevista que Elvira Lindo escribió en 2005 , donde la periodista más que preguntar y escuchar, conversó con la dama de voz grave más de dos horas. Cuál fue mi sorpresa al descubrir en aquellas páginas  que Bacall era simplemente una mujer, una amante, una madre, una hija, una amiga, era simplemente una persona a la que yo decidí guardar en ese altar donde las cosas malas de la vida no llegan. La chica flaca a la que los vestidos de seda se le llenaban de aire se describía como insegura y dependiente del cariño de los demás, si si , ella la que le decía a Steve que no necesitaba más que un silbido. Y es que al final todos queremos un poquito más que un beso de buenas noches y un hasta mañana. Quizá la naturalidad con la verbalizaba sus debilidades la hacía caminar con la audacia de un felino, y es que no se puede ser bueno en todo.

Con esta idea de que Bacall no era más que una mujer, empecé a asumir mis grietas. Empecé a estudiar al milímetro las debilidades que en los últimos meses se habían puesto en fila india.

Tropezarse con la perfección hecha persona no es nada fácil, enfrentarse a ella 9 horas al día es un ejercicio para el que no me habían entrenado. Lo curioso de la gente que analiza cada paso que das, cada coma escrita y que anota todas las gracias no dichas, es que con el tiempo te das cuenta de que su obsesión por el control les lleva a una crítica sistemática muestra de una falta total de empatía. Lo cierto es que cada juicio dicho encubre la inseguridades de ese otro ser humano. Lo que pasa es que yo nunca he sido capaz de invertir la poca paciencia que tengo entonterías, me parece una absurda pérdida de tiempo. Y es que eso de apretar la lengua y callar me avinagra las entrañas.

Así que reconozco como la señora Bacall, desgraciadamente sin llevar puesto un vestido de seda, que a mi no me gusta que me digan constantemente lo que debo de hacer, no me gustan las críticas sobre todo cuando estoy en desacuerdo, no me gusta que mi autoestima duerma en el jardín sobre todo cuando no hay abrazos por la noches. No sé si decirlo en alto me hará caminar como un felino, aunque nunca me han gustado los gatos. Menos mal que las estrellas ya están muertas pero no olvidadas.

a  Bacall y a Bogart,

y por que amar,  a veces,  si significa decir lo siento.